ANGOLA
Marco legal sobre libertad religiosa y su aplicación efectiva
La Constitución de Angola defiende el principio de separación entre Iglesia y Estado. El Estado «reconocerá y respetará las diferentes confesiones religiosas, que serán libres en su organización y en el ejercicio de sus actividades, siempre que sean conformes a la Constitución y a las leyes de la República de Angola» (artículo 10.2)[1].
Si la Constitución es objeto de modificaciones, estas deberán respetar «la laicidad del Estado y el principio de la separación entre el Estado y las Iglesias» (artículo 236.g)[2]. La Constitución también establece que el Estado «protegerá las Iglesias y las confesiones religiosas y sus lugares y objetos de culto, siempre que no atenten contra la Constitución y el orden público» (artículo 10.3). Por su parte, el artículo 41 consagra la libertad de conciencia, de creencia religiosa y de culto y reconoce el derecho a la objeción de conciencia.
De acuerdo con la Ley 12/19 de 14 de mayo de 2019, sobre la Libertad de Religión y Culto, que deroga la Ley 2/04 de 21 de mayo de 2004, sobre el Ejercicio de la Libertad de Conciencia, Culto y Religión, en Angola existen requisitos específicos para el reconocimiento de grupos religiosos extranjeros. Estos grupos deben presentar una solicitud formal de reconocimiento, acompañada de copias autenticadas de sus estatutos y documentos fundacionales, escritos en portugués o traducidos a este idioma. También deben proporcionar una declaración de legitimidad expedida por la autoridad pública responsable de los asuntos religiosos en su país de origen.
Además, para que un grupo sea reconocido, se requiere un mínimo de 60 000 firmas, de las cuales al menos 1000 tienen que ser de ciudadanos angoleños o residentes extranjeros de cada provincia de Angola mayores de 18 años en plena posesión de sus derechos civiles. Son necesarios otros muchos documentos, entre los que se incluyen pasaportes válidos y prueba de residencia de los ciudadanos extranjeros, un certificado de antecedentes penales expedido por el servicio consular de Angola en el país de origen del solicitante y una declaración de bienes e ingresos de los ministros religiosos, verificada mediante documentos oficiales. La solicitud también debe incluir un proyecto de construcción de un lugar de culto. Las autoridades públicas se reservan el derecho de solicitar documentos e información complementarios, incluidos detalles sobre la doctrina y las prácticas de culto adoptadas por la confesión[3].
El Instituto Nacional de Asuntos Religiosos, entidad del sector público con autonomía administrativa y económica dependiente del Ministerio de Cultura y Turismo, es el responsable de diseñar y aplicar la política del Estado en materia de libertad de religión, conciencia y culto[4].
Solo los grupos registrados tienen oficialmente derecho a disponer de colegios y lugares de culto propios, aunque esta ley no siempre se ha aplicado. En Angola la educación religiosa no forma parte del proyecto educativo público, sin embargo, se permite que los colegios privados ofrezcan clases de religión[5]. El Gobierno observa el Viernes Santo, el Domingo de Pascua y el día de Navidad como fiestas religiosas. Solo se reconocen como días festivos oficiales festividades cristianas[6].
Angola forma parte del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos desde 1992[7].
Incidentes y acontecimientos
La comunidad islámica de Angola ha manifestado su frustración ante la aparente falta de voluntad del Gobierno de reconocer oficialmente el islam, a pesar de sus múltiples intentos de cumplir los requisitos establecidos por las autoridades.
En septiembre de 2023, Altino da Conceição, líder del Consejo Islámico de Angola, estimó que alrededor de 100 000 personas practican el islam en el país, aunque sigue sin reconocerse debido a lo que describió como una «falta de voluntad política». Explicó que los musulmanes solicitaron por primera vez el reconocimiento oficial el 8 de agosto de 1978, sin éxito, y que no fue hasta 2018 cuando fueron añadidos a la lista de grupos religiosos en espera de reconocimiento. A pesar de esto, según el jeque, «cada día muchos ciudadanos angoleños y extranjeros se convierten y entran “voluntariamente” en la religión islámica»[8]. Hay casi 200 mezquitas por toda Angola, excepto en la provincia de Bié. Aunque manifestó su frustración por la falta de progreso, Altino reconoció que se han producido mejoras en el ámbito de la libertad religiosa, señalando que ya no se procede a la clausura de mezquitas, algo común en el pasado.
En agosto de 2021, el director del Instituto Nacional de Asuntos Religiosos, Francisco de Castro María, declaró que el reconocimiento oficial del islam dependía de la unificación de las diferentes facciones dentro de la comunidad musulmana de Angola. Indicaba que, mientras persistieran las divisiones internas, el Gobierno no podría proceder a la legalización[9]. En un discurso pronunciado en la mezquita Ebad Al Rahman en noviembre de 2023, el presidente del Consejo Islámico de Mozambique, el jeque Aminuddin Muhammad, afirmó que, a pesar de la falta de reconocimiento formal, las autoridades estaban actuando en la práctica como si se hubiera concedido[10]. Aun así, el líder musulmán visitante subrayó que la ausencia de reconocimiento oficial del islam en Angola obstaculizaba el desarrollo de las actividades sociales de los musulmanes[11].
En mayo de 2023, el Parlamento aprobó una ley para regular las actividades de las organizaciones no gubernamentales (ONG). Según algunos expertos, entre los que había tres relatores de la ONU, la legislación imponía restricciones indebidas a la libertad de estas organizaciones[12].
En agosto de 2023, el primer angoleño nativo, el arzobispo Germano Penemote, fue nombrado nuncio apostólico, acontecimiento celebrado por los católicos del país como un hito en la historia de la Iglesia de Angola[13].
En noviembre de 2023, la Casa Blanca publicó una hoja informativa sobre la relación de Estados Unidos con Angola y su compromiso de ayudar al país con sus problemas económicos y de seguridad. Esta declaración también mencionaba la firme resolución de Estados Unidos de seguir apoyando al Gobierno angoleño en sus esfuerzos por proteger, entre otras cosas, los derechos de sus ciudadanos a la libertad de religión o de creencias[14].
En marzo de 2024, el Gobierno reconoció la nueva Iglesia del Reino de Dios en Angola, que sustituye a la Iglesia Universal del Reino de Dios, y la transferencia de activos de la antigua entidad a la nueva. Desde 2019, la Iglesia Universal del Reino de Dios en Angola estaba sumida en una importante crisis interna que provocó una división entre los líderes angoleños y brasileños. Los líderes angoleños acusaron a los líderes brasileños de discriminación racial y de imponer vasectomías a los pastores locales. En respuesta, los obispos y pastores angoleños tomaron el control de los edificios de la Iglesia, rompiendo los lazos con los líderes brasileños. El Gobierno angoleño intervino, destituyendo oficialmente a los líderes brasileños y reconociendo a los nuevos líderes angoleños. Posteriormente, la facción angoleña comenzó a operar bajo el nombre de «Iglesia del Reino de Dios en Angola», mientras que la facción brasileña conservó el nombre original, Iglesia Universal del Reino de Dios[15].
En julio de 2024, el presidente de Angola, João Lourenço, se reunió con el arzobispo José Manuel Imbamba, presidente de la Conferencia Episcopal de Angola y Santo Tomé (CEAST), para debatir el lugar de la religión en la vida social, incluida la familia. En una entrevista posterior a la reunión, el arzobispo declaró que el presidente y él examinaron «cuestiones religiosas que amenazan la paz social y atentan contra la integridad de las familias angoleñas en el contexto del Acuerdo Marco (2019) que regula las relaciones entre la Santa Sede y Angola»[16]. El prelado también subrayó la necesidad de una «transformación social, política, espiritual, económica y jurídica del país, para que Angola, al celebrar su 50º aniversario, renazca con inclusión, meritocracia y fraternidad»[17].
En una entrevista concedida en septiembre de 2024 a la agencia de noticias Fides, el obispo Martín Lasarte Topolansky, de la diócesis de Lwena, destacó los problemas a los que se enfrentan los angoleños, muy distintos a los que se discuten en los contextos occidentales. Insistió en que los bajos niveles educativos, la falta de servicios, la lepra y la propagación de sectas agresivas son preocupaciones acuciantes para la comunidad católica de Angola. El obispo señaló que, si bien la secularización es un problema importante en Europa, la Iglesia angoleña se enfrenta a desafíos relacionados con la primera evangelización, la formación de los laicos, el diálogo interreligioso y el rápido crecimiento de diversas sectas. Manifestó su preocupación por el aumento de la influencia islamista, mencionando casos de mujeres cristianas que se casan con varones musulmanes, lo que hace que sus hijos estudien en países predominantemente islámicos y regresen con opiniones extremistas. Además, señaló la proliferación de sectas neopentecostales que operan de forma independiente, a menudo sin diálogo con las Iglesias protestantes locales. La persistencia de la magia y la brujería también contribuyen a que se produzcan episodios de violencia y asesinatos en ciertas zonas, dijo, lo que complica aún más la misión pastoral de la Iglesia[18].
Futuro de la libertad religiosa
La libertad religiosa en Angola generalmente está garantizada. Sin embargo, durante el período que se estudia en este informe, se han observado ciertos problemas, entre ellos las críticas de la comunidad islámica por la falta de reconocimiento de su religión, la propagación de diversas sectas y el posible desarrollo del islamismo radical. Las perspectivas para la libertad religiosa no han cambiado, pero la situación requiere un estrecho seguimiento.
Fuentes