ISRAEL
Marco legal sobre libertad religiosa y su aplicación efectiva
Desde su independencia en 1948, Israel se ha autodefinido como un Estado judío y democrático[1]. Todos los judíos del mundo que cumplen determinados requisitos tienen derecho a ser ciudadanos de este Estado en virtud de la Ley del Retorno[2]. En 1967, Israel conquistó Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza y los Altos del Golán, territorios que siguen en litigio hasta hoy día. La Asamblea General de las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia los consideran territorios ocupados; por lo tanto, los asentamientos israelíes en ellos son ilegales[3].
El grupo no judío más numeroso del país es el de los árabes palestinos suníes. La mayoría de los cristianos israelíes también son árabes palestinos. Ambos grupos tienen nacionalidad israelí. La mayor parte de los cristianos son católicos (pertenecientes a las Iglesias greco-católica melquita y católica romana), seguidos por los ortodoxos griegos. También hay otras minorías, entre ellas los drusos, designados en 1957 como comunidad étnica diferenciada por el Gobierno[4].
Israel no tiene una constitución oficial[5], pero se basa en un cuerpo de Leyes Fundamentales que funcionan en conjunto como una constitución no codificada. Estas Leyes Fundamentales tienen autoridad constitucional y, a través de la interpretación judicial y de los textos consolidados por mayoría cualificada, funcionan efectivamente como ley constitucional. Por lo tanto, es necesario remitirse a la Declaración de Independencia de 1948 para conocer las disposiciones relacionadas con la libertad religiosa. Conforme a dicha declaración, «el Estado de Israel [...] respetará la plena igualdad social y política de todos sus ciudadanos, sin distinción de raza, credo o sexo; garantizará plena libertad de conciencia, culto, educación y cultura; salvaguardará la sacralidad e inviolabilidad de los santuarios y lugares sagrados de todas las religiones; y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas»[6].
El Tribunal Supremo de Israel dictó que la Ley Fundamental sobre la Dignidad y la Libertad es la base de libertades fundamentales como la libertad religiosa[7].
En julio de 2018, la Asamblea de Israel, la Knéset, aprobó una ley titulada «Ley Fundamental: Israel como Estado-nación del pueblo judío»[8], la cual proclamaba que «la Tierra de Israel es la patria histórica del pueblo judío sobre la que se estableció el Estado de Israel» Así, el Estado de Israel es «el Estado-nación del pueblo judío, en el cual este ejerce su derecho natural, cultural, religioso e histórico a la autodeterminación [...]. El ejercicio del derecho a la autodeterminación nacional en el Estado de Israel es exclusivo del pueblo judío»[9].
La Asamblea de Ordinarios Católicos de Tierra Santa criticó duramente esta ley. En una declaración publicada en noviembre de 2018, afirmaban lo siguiente: «Nosotros, como representantes religiosos de las Iglesias católicas, instamos a las autoridades a que revoquen esta Ley Fundamental y garanticen a todos y cada uno que el Estado de Israel quiere promover y proteger el bienestar y la seguridad de todos sus ciudadanos»[10]. En julio de 2021, el Tribunal Supremo rechazó las peticiones contra la Ley Fundamental del Estado-Nación Judío[11].
A pesar del estatus especial que tienen los judíos en Israel, el judaísmo no es la religión oficial del Estado. Las instituciones estatales son laicas y funcionan conforme al modelo de las democracias occidentales. Sin embargo, en la práctica social predominan disposiciones específicas del judaísmo, como la observancia del sábado y la comida kosher. Esto puede ocasionar tensiones entre los judíos practicantes y los que no practican.
En teoría, los ciudadanos no judíos tienen los mismos derechos y obligaciones civiles que los judíos; por ejemplo, pueden votar en las elecciones, afiliarse a partidos políticos y ser elegidos para la Knéset. No obstante, su papel es irrelevante en la vida política y, salvo excepciones (en concreto, los drusos), no se les recluta para las Fuerzas de Defensa de Israel. En la práctica, esto priva a los árabes israelíes de los diversos beneficios que conlleva el servicio militar[12], como subvenciones para vivienda, concesión de tierras, ayudas para la matrícula y trato preferencial en el acceso a la universidad y al empleo público. Está muy extendida la idea de que el servicio en las Fuerzas de Defensa de Israel es una vía fundamental para la integración social y el sentido de pertenencia cívica[13].
Las conversiones de una religión a otra son legales, pero están sujetas a una enorme presión social negativa. El proselitismo es legal para todos los grupos religiosos. Sin embargo, el artículo 174.a del Código Penal israelí prohíbe ofrecer beneficios materiales como incentivo para la conversión. Según los artículos 368.a y b del Código Penal, también es ilegal convertir a menores de 18 años, a menos que uno de los progenitores sea miembro del grupo religioso que pretende convertir al menor[14].
Las cuestiones relacionadas con el estatuto personal se rigen por las normas de las comunidades religiosas reconocidas a las que pertenece cada ciudadano. No existe el matrimonio civil, aunque se reconocen los matrimonios contraídos en el extranjero.
En marzo de 2023, la Knéset promulgó una ley que permite a los hospitales prohibir la entrada de productos fermentados (jametz) durante la Pascua judía. Los partidos de la oposición criticaron esta ley, denunciándola como una forma de coacción religiosa susceptible de alienar a los sectores laicos de la población. El debate en torno al jametz en los centros médicos se ha convertido en un símbolo de tensiones sociales más amplias sobre el papel de la religión en la vida pública israelí. Mientras que los defensores de la medida argumentan que protege los derechos de los pacientes practicantes a mantener un entorno kosher durante las fiestas, los detractores sostienen que vulnera las libertades individuales, especialmente las de los judíos laicos y los ciudadanos no judíos[15].
Incidentes y acontecimientos
Durante el período estudiado en este informe, se han registrado múltiples incidentes de violencia por motivos religiosos, sobre todo agresiones a personas y ataques a lugares de culto.
En enero de 2023, fueros profanadas unas 30 tumbas del cementerio anglicano de Jerusalén. Poco después del incidente, detuvieron a dos adolescentes judíos del centro de Israel[16]. El arzobispo anglicano de Jerusalén, Hosam Naum, condenó enérgicamente el ataque: «Manifiesta claramente un delito de odio hacia los cristianos de Jerusalén, que rechazamos y condenamos rotundamente»[17]. En enero de 2023, fue atacado un edificio comunitario de la iglesia maronita en Ma'alot-Tarshiha, en el norte de Israel, y se destrozaron distintos objetos religiosos[18].
En febrero de 2023, un turista judío estadounidense causó daños a una estatua de Cristo en la iglesia de la Flagelación, en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Según la Custodia de Tierra Santa, se trataba del quinto incidente violento contra la iglesia en pocas semanas[19]. En marzo de 2023, dos judíos entraron en la iglesia ortodoxa griega de Getsemaní, donde se encuentra la tumba de la Virgen María, y agredieron a un obispo y a dos sacerdotes[20].
En marzo de 2023, la policía detuvo a dos adolescentes judíos sospechosos de prender fuego a los libros de oración de las Mujeres del Muro, grupo reformista de mujeres judías que quieren realizar actos de culto en el Muro Occidental, reservado a los hombres conforme a la tradición[21].
En abril de 2023, el patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, manifestó que el Gobierno de extrema derecha de Israel ha empeorado la vida de los cristianos: «La frecuencia de estos ataques, las agresiones, se ha convertido en algo nuevo. Estas personas se sienten protegidas... que el ambiente cultural y político actual puede justificar o tolerar acciones contra los cristianos»[22]. En julio de 2023, el presidente israelí, Isaac Herzog, reprobó los crecientes ataques contra los cristianos con estas palabras: «Condeno rotundamente la violencia, en todas sus formas, dirigida por un grupo pequeño y extremista contra los lugares sagrados de la fe cristiana y contra el clero cristiano en Israel»[23]. En octubre, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y los rabinos principales sefardí y askenazí condenaron igualmente los ataques contra los cristianos. Los comentarios de los rabinos se produjeron después de que un colono que actuaba como portavoz de un miembro de la Knéset del partido de extrema derecha Otzma Yehudit afirmara en las redes sociales que escupir cerca del clero cristiano o de las iglesias es una antigua costumbre judía que incluso está respaldada por la ley judía[24].
En abril de 2023, el Tribunal Supremo determinó que debía ponerse fin a la práctica que obligaba a los niños no judíos adoptados en Israel a convertirse al judaísmo ortodoxo y a ser criados únicamente por padres judíos ortodoxos[25].
En abril de 2023, la policía israelí mató a Mohammad Jaled al-Osaibi, de 26 años, cerca de la entrada de la mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén. Acababa de terminar la carrera de medicina. Según la policía, intentó arrebatarle el arma a un agente. Los medios internacionales informaron de que, según testigos presenciales, había intentado impedir que la policía agrediera a una mujer palestina[26].
En abril de 2023, la policía israelí detuvo a un hombre que planeaba realizar un sacrificio de Pascua en el recinto de la mezquita de Al-Aqsa al comienzo del Ramadán[27]. Ese mismo día, el ministro de Policía de Israel, Itamar Ben Gvir, animó a los judíos a visitar el Haram al-Sharif (Monte del Templo) para celebrar la Pascua, pero les pidió que se abstuvieran de realizar los sacrificios rituales de animales propios de la festividad judía[28]. Tres días después, la policía se enfrentó a palestinos en el Haram al-Sharif, solo unas pocas horas después de la detención y expulsión de más de 350 personas en una redada policial en el recinto. La policía afirmó que los jóvenes habían introducido fuegos artificiales y piedras en el recinto y habían intentado atrincherarse. La administración musulmana de este santuario waqf afirmó que la policía había entrado antes de que terminaran las oraciones. Según algunas fuentes, Nabil Abu Rudeineh, portavoz del presidente palestino, Mahmud Abás, afirmó: «La redada de Israel en la mezquita de Al-Aqsa, su agresión a los fieles, es una bofetada a los recientes esfuerzos de Estados Unidos por lograr que haya calma y estabilidad durante el mes de Ramadán»[29]. El 12 de abril, Israel decidió prohibir las visitas de no musulmanes al Haram al-Sharif hasta el final del Ramadán para calmar la situación[30].
En mayo de 2023, al igual que en años anteriores, nacionalistas judíos marcharon por Jerusalén en el Día de Jerusalén coreando consignas antiárabes y antimusulmanas como «Muerte a los árabes», «Mahoma está muerto» y «Que arda tu pueblo»[31].
En junio de 2023, Amit Halevi, miembro del Likud en la Knéset, propuso un plan para dividir el Haram al-Sharif (Monte del Templo) entre judíos y musulmanes: «Nos quedaremos con el extremo norte y rezaremos allí. Toda la montaña es sagrada para nosotros, y la Cúpula de la Roca es el lugar donde se encontraba el Templo. Esta debería ser nuestra directriz»[32].
En junio de 2023, el gran rabino sefardí de Jerusalén, Shlomo Amar, pidió perdón a los cristianos evangélicos por los actos cometidos en el Muro Occidental por parte de unos judíos religiosos, con el teniente de alcalde de Jerusalén, Arieh King, al frente; estos interrumpieron su reunión de oración coreando: «Misioneros, volved a vuestra casa». El rabino declaraba: «Lamentamos habernos enterado por clérigos no judíos de que varios jóvenes judíos y algunos que se hacen pasar por temerosos de Dios los persiguen con maldiciones, blasfemias y otras expresiones, cuando pasan por las calles de la ciudad»[33]. Un incidente similar se produjo días más tarde ese mismo mes, cuando extremistas judíos intentaron interrumpir una reunión de judíos mesiánicos en Jerusalén[34].
En junio de 2023, hubo que cambiar de lugar una conferencia sobre los ataques con escupitajos contra cristianos en Jerusalén debido a las presiones de las autoridades municipales. Según el periódico nacional Haaretz, los asesores del alcalde de Jerusalén amenazaron con despedir al director general del museo si la conferencia, que el alcalde calificó de «antisemita», se celebraba allí[35].
En julio de 2023, un funcionario ordenó al abad benedictino Nikodemus Schnabel, de la abadía de la Dormición de Jerusalén, ocultar su cruz durante una visita al Muro Occidental con un ministro del Gobierno alemán. Posteriormente, la organización que gestiona el lugar se disculpó por las molestias causadas, pero siguió defendiendo la petición[36].
En julio de 2023, el ministro de Policía israelí, Itamar Ben Gvir, visitó el Haram al-Sharif (Monte del Templo) por tercera vez desde que asumió el cargo a finales de 2022. Su visita durante la festividad judía de Tisha B'Av provocó las críticas de Jordania, los palestinos, Arabia Saudí y Estados Unidos[37]. Anteriormente, Yitzhak Yosef, el gran rabino sefardí de Israel, había acusado a Ben Gvir de «pecar y hacer pecar a otros» al visitar el Monte del Templo. Ben Gvir respondió que actuaba de acuerdo con la opinión de sus rabinos, que consideran que visitar el Monte del Templo es una mitzvá (mandamiento)[38].
En agosto de 2023, la Custodia Franciscana de Tierra Santa denunció un ataque contra el monasterio del Arcángel Gabriel, en la Baja Galilea, en el que lanzaron piedras contra la iglesia[39].
En agosto de 2023, se instaló una valla metálica para proteger el monasterio católico Stella Maris, en Haifa, de la intrusión de radicales judíos. Los seguidores del rabino Eliezer Berland, líder de una secta judía, habían estado entrando en el recinto del monasterio para rezar, alegando que se trataba de un lugar sagrado judío donde está enterrado el profeta Eliseo[40]. El presidente israelí, Isaac Herzog, condenó la intrusión durante una visita realizada en agosto de 2023 con la que quiso calmar a la angustiada población cristiana. El gran rabino askenazí, David Lau, escribió una carta al superior del monasterio condenando los actos, afirmando que «es una obligación de todos los seres humanos respetarse mutuamente»[41].
En agosto de 2023, al igual que el año anterior, las autoridades impidieron a miles de peregrinos cristianos ortodoxos celebrar la fiesta de la Transfiguración en el Monte Tabor, a pesar de que se habían concedido los permisos necesarios. Según las autoridades, el plan de seguridad contra incendios que les presentaron era inadecuado. La comunidad cristiana local protestó por esta decisión[42].
En septiembre de 2023, apareció un vídeo en el que se veía a varios jóvenes judíos pisoteando lápidas musulmanas en el cementerio de Bab al-Rahma, junto a las murallas de la Ciudad Vieja de Jerusalén. La dirección musulmana del lugar condenó esta profanación[43].
En octubre de 2023, el grupo islamista Hamás lanzó un ataque sorpresa desde Gaza contra Israel que dejó alrededor de 1200 muertos, la mayoría de ellos civiles. Fueron tomadas como rehenes 251 personas, entre las cuales había niños. En junio de 2025, 55 rehenes siguen en cautiverio, aunque las autoridades israelíes creen que 35 de ellos han fallecido[44]. Tras el ataque de Hamás, las autoridades limitaron la entrada de fieles musulmanes al Haram al-Sharif (Monte del Templo). Declaraba sobre esto la ONG israelí Ir Amim: «Unas restricciones que duran meses son algo sin precedentes. En ocasiones anteriores, cuando Israel impuso restricciones a los musulmanes para entrar en el Monte, estas no duraron más de unos días»[45]. Tras el ataque de Hamás, también se denunciaron agresiones de judíos a trabajadores árabes, sucesos que fueron condenados en noviembre de 2023 por parte de los principales rabinos de Israel por contravenir la Torá[46].
En 2024, el Centro Rossing para la Educación y el Diálogo registró 111 incidentes dirigidos contra cristianos en Israel y Jerusalén Este. Entre ellos se cuentan casos de acoso verbal, agresiones físicas a clérigos y actos de vandalismo. Treinta y cinco de los sucesos tuvieron como objetivo explícito propiedades religiosas, como iglesias y monasterios. La mayoría de los presuntos autores fueron identificados como jóvenes judíos ultraortodoxos afiliados a movimientos nacionalistas religiosos[47].
En abril de 2024, al igual que el año anterior, la policía restringió el acceso de los fieles cristianos a la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén para la ceremonia ortodoxa del Fuego Sagrado. Las autoridades alegaron motivos de seguridad[48].
En junio de 2024, el Tribunal Supremo determinó el reclutamiento de los varones judíos ultraortodoxos para el servicio militar[49].
En julio de 2024, el gran rabino askenazí, David Lau, afirmó que estaban llegando a Israel misioneros cristianos procedentes de Etiopía con la intención de convertir a los judíos etíopes. En una carta dirigida al Ministerio de Aliá, pidió que se pusiera fin a los programas de inmigración israelíes para Etiopía, afirmando que era hora «de tratar a los solicitantes de Etiopía igual que a cualquier otra persona que solicite la inmigración desde cualquier otra parte del mundo»[50].
En octubre de 2024, el Ministerio de Defensa ordenó a la familia del sargento David Bogdanovskyi, cristiano de 19 años asesinado en Gaza el mes de diciembre de 2023 mientras prestaba servicio en las Fuerzas de Defensa de Israel, que retirase la cruz de su lápida en el cementerio militar de Haifa o, de lo contrario, se enfrentaría a la exhumación y el traslado del cuerpo fuera del cementerio[51].
En enero de 2025, las Fuerzas de Defensa de Israel expulsaron de Cisjordania durante seis meses al colono judío radical Ariel Danino. La orden se dictó poco después de que expirara otra anterior[52]. En 2023, habían ejecutado contra él una detención administrativa ante la posibilidad de que incitase a la violencia en Cisjordania tras el fracaso de un recurso ante el Tribunal Supremo[53].
En febrero de 2025, los patriarcas y jefes de las Iglesias de Jerusalén respaldaron al Patriarcado armenio ante la amenaza de confiscación de los bienes de la Iglesia por deudas fiscales[54]. Los jefes de las Iglesias argumentaron que el Ayuntamiento de Jerusalén no había respetado el debido proceso y firmaron una declaración conjunta que decía lo siguiente: «Es especialmente alarmante el intento del Ayuntamiento de imponer una determinación de la deuda sin control judicial y desafiando al comité gubernamental establecido para negociar estos asuntos de buena fe. Esta imprudente medida pone en peligro al Patriarcado ortodoxo armenio y sienta un peligroso precedente que podría poner en peligro a las instituciones cristianas en toda Tierra Santa»[55].
Futuro de la libertad religiosa
A pesar de su autodefinición como Estado judío, Israel respeta en gran medida la libertad religiosa individual de los no judíos en el ámbito jurídico. Sin embargo, en el ámbito social se ha producido un deterioro del respeto a la libertad religiosa de los no judíos. En su informe anual de 2023 sobre las agresiones a cristianos en Israel y Jerusalén Este, el Centro Rossing para la Educación y el Diálogo señaló que en 2023 se produjo un preocupante aumento del número de agresiones físicas contra cristianos y sus lugares sagrados. La organización contabilizó siete casos de acoso verbal y cuatro de interrupciones durante la liturgia o reuniones. Además, informó de siete ataques violentos y unos 30 casos de personas que habían escupido a cristianos. En total, documentó más de 30 casos de ataques contra propiedades de la Iglesia, algunas de ellas recurrentes como los intentos de allanamiento, lanzamiento de piedras y otros incidentes dirigidos contra propiedades específicas[56]. A pesar de la firme condena de estos actos por parte de las autoridades israelíes, los cristianos han denunciado la apatía de la policía. Sin embargo, los intentos de la clase dirigente judía ortodoxa de fomentar la moderación han sido alentadores.
La brecha entre judíos y árabes musulmanes de Israel se ha ampliado aún más con el ataque de Hamás contra Israel de octubre de 2023. En general, la situación de la libertad religiosa en Israel ha empeorado durante el período estudiado en este informe, sin que haya perspectivas de que el contexto social, político y religioso de Israel vaya a cambiar drásticamente en el corto plazo.
Fuentes