NÍGER
Marco legal sobre libertad religiosa y su aplicación efectiva
Níger, país de África occidental sin salida al mar, ha experimentado inestabilidad política durante la mayor parte de su historia desde su independencia en 1960.
Entre el 26 y el 27 de julio de 2023 Níger sufrió un golpe militar durante el cual la Guardia Presidencial derrocó al presidente electo, Mohamed Bazoum. Se suspendió la Constitución de 2010[1] y se disolvieron las instituciones estatales. El general Abdourahamane Tchiani, comandante de la Guardia, asumió el poder como jefe del régimen a través del recién creado Consejo Nacional para la Salvaguarda de la Patria[2]. El golpe lo provocó el intento de Bazoum de reorganizar la escala de mando militar. El ejército respaldó a la junta para evitar enfrentamientos violentos y, a pesar de los continuos esfuerzos de mediación, la junta sigue manteniendo un férreo control[3].
El 26 de marzo de 2025, se aprobó una nueva Carta de Transición[4], que suspendió la Constitución de 2010 y dio inicio a un período de transición de 60 meses, prorrogable en función del contexto de seguridad[5]. La Carta hace hincapié en la lucha contra el terrorismo (artículo 2), a la vez que reafirma la identidad de Níger como República unitaria, soberana, democrática y social, y reconoce el islam como religión mayoritaria; además, afirma la convivencia pacífica con otras confesiones y garantiza la práctica del culto, siempre que se respete el orden público, la moral, la tolerancia y la unidad nacional (artículo 3). En ella, se garantiza la libertad de pensamiento, opinión, expresión, conciencia, religión y culto (artículo 34) y se penaliza todo acto de discriminación racial, étnica y religiosa, entre otros (artículo 51).
En comparación con la Constitución de 2010, la Carta de Transición contiene menos disposiciones y omite ciertos elementos que antes estaban consagrados, como el requisito de que el presidente, el primer ministro, el presidente de la Asamblea Nacional y los miembros del Tribunal Constitucional presten juramento religioso al asumir sus cargos. No obstante, el artículo 76 de la Carta establece que todas las disposiciones legislativas que no hayan sido derogadas explícitamente, y que no la contradigan, siguen en vigor. Cabe destacar que, mientras que el artículo 3 de la Constitución de 2010 afirmaba, entre otras cosas, la separación entre la religión y el Estado, el mismo artículo de la nueva Carta define el islam como la religión del Estado.
Los musulmanes constituyen la mayor parte de la población del país, pero hay pequeñas comunidades que practican religiones étnicas tradicionales y cristianas. No se imparte enseñanza religiosa en la mayor parte de las escuelas públicas, pero el Gobierno financia un pequeño número de escuelas de enseñanza primaria que ofrecen estudios religiosos islámicos[6]. No se permite la enseñanza religiosa en la escuela pública. Los colegios confesionales deben contar con la aprobación de los Ministerios del Interior y de Educación[7].
La Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior de Níger es responsable del diálogo interreligioso[8]. Los grupos religiosos reciben el mismo trato que las ONG y deben registrarse en la Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior[9].
Bajo el gobierno civil, la libertad religiosa estaba garantizada legalmente, aunque en la práctica se aplicaban ciertas restricciones a la expresión y al culto. En junio de 2019, la Asamblea Nacional aprobó una ley que reafirmaba esta libertad, con la condición de que se respetara «el orden público y el bien moral»[10]. La ley otorgó al Estado la supervisión de la construcción y el uso de los lugares de culto[11], así como la regulación de la financiación extranjera, tratando así de frenar la influencia del wahabismo[12]. Ese mismo año, se introdujo una Estrategia Nacional de Culto para gestionar los asuntos religiosos, evitar la radicalización, promover el diálogo interreligioso y fomentar la convivencia pacífica[13]. Tras el golpe de Estado de julio de 2023, el Gobierno de transición ha mantenido este marco, ha continuado las consultas con los líderes religiosos y, hasta ahora, no ha introducido nuevas restricciones a la libertad religiosa.
En los últimos años, Níger ha sido testigo de la creciente influencia de las redes salafistas conservadoras, en particular Izala, movimiento de orientación salafista fundado en el norte de Nigeria y activo en toda África Occidental. Antes del golpe de Estado de julio de 2023, varios clérigos afiliados a Izala ejercían como asesores del Gobierno, lo que reflejaba un cambio más amplio en la dinámica religiosa y política del país[14].
Aunque no se han documentado vínculos formales entre el general Tchiani y el movimiento Izala, tras el golpe de Estado se han producido contactos entre los dirigentes. En agosto de 2023, el jeque Abdulahi Bala Lau, destacado erudito nigeriano y líder de Izala, encabezó una delegación nigeriana a Níger y se reunió con el general Tchiani y el primer ministro nombrado por la junta, Ali Lamine Zeine. La visita formaba parte de una iniciativa internacional más amplia para entablar un diálogo con los nuevos jefes militares y aliviar la tensa situación entre Níger y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) tras el golpe de Estado. Según el jeque Lau, el general Tchiani insistió en los lazos históricos entre Níger y Nigeria, afirmando que ambos países «no solo eran vecinos, sino hermanos y hermanas que debían resolver sus diferencias de forma amistosa»[15].
La Ordenanza 2024-05, promulgada el 23 de febrero de 2024 por la junta militar de Níger, exime a todos los gastos relacionados con la defensa y la seguridad —incluidos los del palacio presidencial— de la supervisión pública, las auditorías, los impuestos y los procedimientos financieros habituales. Presentada oficialmente como una medida para aumentar la flexibilidad en la lucha contra el terrorismo, ha sido muy criticada por fomentar la opacidad y permitir flujos monetarios sin control. En la práctica, la ordenanza otorga a las fuerzas armadas un control autónomo sobre importantes recursos, eludiendo los mecanismos de rendición de cuentas. Los observadores internacionales la consideran una señal del aumento del autoritarismo y un elemento potencialmente generador de corrupción[16].
Incidentes y acontecimientos
El golpe de Estado de 2023 fue el más significativo de una serie de golpes militares en el Sáhel africano, región azotada por la violencia extremista. Níger, que en su día fue el principal aliado de Occidente contra los yihadistas, ha visto cómo la inseguridad ha ido empeorando desde entonces. Los asesinatos relacionados con rebeldes y milicias se duplicaron con creces, pasando de 770 en el año anterior al golpe a 1599 en el año posterior[17]. El líder de la junta, el general Abdourahmane Tchiani, afirma dar prioridad a la soberanía, el control de los recursos y la gobernanza, pero, según Amnistía Internacional, el régimen ha reforzado su control sobre la oposición, la sociedad civil y los medios de comunicación independientes[18].
En marzo de 2024, los gobiernos militares de Níger, Mali y Burkina Faso anunciaron planes para crear una fuerza conjunta con el fin de contrarrestar las amenazas yihadistas, consolidando aún más su alianza. Los tres regímenes ya habían formalizado su cooperación en septiembre de 2023 con la creación de la Alianza de Estados del Sáhel (AES), pacto de defensa mutua, y la retirada del G5 Sáhel, marco internacional creado originalmente para combatir a la insurgencia islamista y que también incluía a Mauritania y Chad. A pesar de estas medidas y del compromiso declarado de abordar el conflicto yihadista que dura ya una década, la violencia en el Sáhel ha seguido aumentando[19].
Níger se ha convertido en uno de los principales focos de extremismo islámico en África. En todo el país siguen activos grupos armados, entre ellos Estado Islámico-Provincia del Sáhel (ISSP), grupos afiliados a Al Qaeda y Boko Haram, cada uno con objetivos regionales distintos. Entre 2023 y 2024, Estado Islámico-Provincia del Sáhel intensificó sus operaciones en el oeste de Níger, utilizando tácticas cada vez más sofisticadas y lanzando incursiones transfronterizas desde Mali y Burkina Faso. La violencia se concentró en las regiones de Tillabéri, Dosso y Tahoua, y se dice que los combatientes avanzaron hasta situarse a menos de 100 kilómetros de la capital, Niamey[20].
Las consecuencias han sido graves: la gobernanza rural se ha derrumbado, cientos de miles de personas se han desplazado, el acceso humanitario está restringido y las minorías religiosas, especialmente los cristianos, son cada vez más vulnerables. Según Open Doors, el grupo yihadista al-Sunna wa-l-Yamaa (ASWJ) ha aumentado sus ataques contra los cristianos de Níger, lo que hace que el culto y la vida cotidiana sean peligrosos. En las zonas controladas por al-Sunna wa-l-Yamaa, las reuniones cristianas sufren severas restricciones, y las comunidades están expuestas a actos de violencia y secuestros que comprometen gravemente su seguridad y su libertad religiosa[21].
Según el Índice Global de Terrorismo 2024, Níger registró el mayor aumento mundial de muertes relacionadas con el terrorismo, que se incrementaron en un 94 % hasta alcanzar las 930. Los atentados aumentaron de 62 a 101, las víctimas civiles se triplicaron y las muertes de militares llegaron a 499[22]. La región de Tillabéri siguió registrando los niveles más altos de actividad terrorista en Níger. Situada en la inestable zona fronteriza con Burkina Faso y Mali, sigue siendo el punto álgido de la insurgencia islamista en el Sáhel central. Aunque se registraron incidentes terroristas en las ocho regiones de Níger, solo enTillabéri se concentró el 63% de los atentados y el 67% de las muertes relacionadas con ellos. La violencia también se ha extendido a zonas vecinas, como Tahoua, donde las muertes se han multiplicado por más de cinco desde 2023[23].
Este deterioro de la seguridad coincide con importantes cambios geopolíticos. Al igual que Mali y Burkina Faso, Níger se ha distanciado de sus aliados occidentales, se ha retirado de la CEDEAO y ha estrechado sus lazos con Rusia y China[24]. Estas alineaciones han creado vacíos de seguridad, lo que ha permitido a grupos yihadistas como Yamaa Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) expandirse hacia la costa de África Occidental. Mientras tanto, se ha intensificado la rivalidad por los minerales cotizados, en particular el uranio y el oro. Como séptimo productor mundial de uranio, Níger ha despertado un interés creciente por parte de las potencias mundiales, y Rusia y China ofrecen apoyo con menos condiciones que los socios occidentales, lo que ha reconfigurado el equilibrio de poder en la región[25].
En agosto de 2023, un grupo yihadista irrumpió en dos iglesias de un pueblo cercano a la frontera con Burkina Faso, armado con rifles, cuchillos y látigos. Preguntaron a los que se encontraban dentro si sabían que los actos de culto cristianos estaban «prohibidos» en la zona. Cuando los cristianos respondieron que no lo sabían, los yihadistas los azotaron y les dijeron que tendrían que convertirse al islam si querían seguir practicando el culto[26].
También en agosto de 2023, tras el golpe de Estado, miles de musulmanes acudieron en masa a la Gran Mezquita de Niamey, donde tradicionalmente se invoca a Alá cuando la nación se enfrenta a una crisis, y rezaron por la paz y la unidad[27]. «Se trata de los niños, las mujeres, los hombres de este país», dijo el jeque Kalhid Yibo Moctar, «la comunidad musulmana que, siguiendo el llamamiento de las autoridades religiosas, ha respondido confiando la situación que estamos viviendo a Alá, para que él nos muestre la solución adecuada». Los miembros de las fuerzas armadas permanecieron respetuosamente entre los fieles y no mostraron armas ni interfirieron en el acto[28].
A pesar del golpe de Estado, las relaciones entre la comunidad musulmana mayoritaria y los grupos cristianos en general han seguido siendo buenas. En octubre de 2023, Yalwana Laurent Lompo, arzobispo católico de Niamey, se reunió con el gran imán de Niamey, el jeque Ismael Yibril Karanta, y el pastor Sani Nomao, presidente de la Asociación de Iglesias Evangélicas de Níger, para reafirmar su compromiso de colaborar y fomentar la tolerancia[29].
El 21 de julio de 2024, cerca de Tankademi, en la región de Tahoua (Níger), próxima a la frontera con Mali, más de 300 asaltantes armados tendieron una emboscada a una unidad militar, matando a 237 soldados e hiriendo a otros más. Aunque ningún grupo reivindicó la autoría del atentado, la zona es conocida por la actividad de militantes islamistas. Este fue el ataque más mortífero registrado en 2024 a nivel mundial, lo que pone de relieve la extrema volatilidad y el alcance de la violencia yihadista en Níger[30].
En septiembre de 2024, el misionero italiano Pier Luigi Maccalli, secuestrado en Níger en 2018 y liberado en 2020, regresó al país, al que describió como «su hogar». Durante su visita, que coincidió con el aniversario de su secuestro, tuvo emotivos encuentros con personas que se encontraban en centros para desplazados en Makalondi y Torodi. Señaló sus duras condiciones de vida (falta de refugio, alimentos, medicinas y educación) y manifestó su profunda preocupación por la creciente inseguridad y el miedo constante causados por los repetidos ataques yihadistas en la región[31].
En diciembre de 2024, presuntos yihadistas asesinaron a 39 aldeanos en dos ataques perpetrados en la región de Tillabéri, cerca de la frontera con Burkina Faso. El Ministerio de Defensa informó de que entre el 12 y el 14 de diciembre murieron 21 personas en Libiri y 18 en Kokorou, algunas de ellas niños. Según el Ministerio, estos «actos bárbaros» fueron cometidos por «criminales» presionados por las operaciones militares en curso, que atacaron a poblaciones civiles indefensas[32]. «Si nos hubieran alcanzado, habrían podido violarnos y matarnos», declaraba Hayara Zibo, que huyó a las colinas con sus tres hijas[33].
Ese mismo mes, el Gobierno militar de Níger suspendió la BBC durante tres meses, acusando a la cadena de difundir noticias falsas que podrían desestabilizar la paz social y desmoralizar a las tropas que luchan contra los yihadistas. Aunque el Gobierno no especificó ningún programa en concreto, la suspensión se produjo tras la cobertura de la BBC de los ataques yihadistas en la región de Tillabéri, en los que se dice que murieron 91 soldados y casi 50 civiles[34].
Entre el 22 y el 25 de febrero de 2025, un grupo descrito en la radio estatal como «bandidos armados» asesinó a 16 aldeanos en dos ataques separados en la región de Dosso, en el suroeste de Níger, fronteriza con Nigeria y Benín. En la primera aldea, Makani, los asaltantes reunieron a los residentes y luego abrieron fuego contra ellos, patrón que se observa a menudo en los ataques yihadistas. Esta zona, situada cerca del Parque Nacional W, centro de grupos yihadistas, se ve regularmente asolada por ataques violentos, según las autoridades nigerianas[35]. En febrero de 2025, el ministro de Defensa de Níger, Salifu Mody, anunció la creación de una fuerza conjunta de 5000 efectivos integrada por soldados de Mali, Níger y Burkina Faso para hacer frente a los crecientes problemas de seguridad en la región[36].
El 21 de marzo de 2025, durante la oración del viernes, yihadistas armados perpetraron un ataque mortal contra una mezquita en la aldea de Fambita, en el distrito de Kokoru, en la región de Tillabéri, Níger. Según el Ministerio del Interior y las Naciones Unidas, los asaltantes rodearon la mezquita, abrieron fuego contra los fieles y prendieron fuego a los puestos del mercado y las viviendas cercanas. El ataque dejó 44 civiles muertos y otros 13 heridos. En respuesta, el Gobierno declaró tres días de luto nacional. Aunque ningún grupo reivindicó oficialmente la autoría, las autoridades atribuyeron el ataque al Estado Islámico-Provincia del Sáhel[37].
Futuro de la libertad religiosa
Tras el golpe militar de julio de 2023 en Níger, los obispos de África Occidental —en particular, los de la Conferencia Episcopal Regional de África Occidental (CERAO), Burkina Faso-Níger y Nigeria— hicieron un enérgico llamamiento contra la intervención militar y el derramamiento de sangre. Advirtieron que el país corría el riesgo de convertirse en una «segunda Libia» e instaron a todas las partes a dar prioridad a la paz y al diálogo. Su llamamiento, un gesto de solidaridad espiritual y unidad regional, destacó la oración como punto de partida para la reconciliación y pidió una resolución pacífica para evitar más sufrimiento en el Sáhel[38].
Dos años después del golpe de Estado, la situación en Níger sigue deteriorándose, con un número creciente de ataques que afectan a las comunidades religiosas, como el asalto perpetrado en marzo de 2025 contra una mezquita de Fambita, en Tillabéri. En el ámbito político, el distanciamiento del Gobierno respecto a sus socios occidentales suscita mucha preocupación sobre el futuro de los derechos humanos en el país. Las condiciones, especialmente para los cristianos y los musulmanes que no aceptan la ideología islamista militante, siguen siendo extremadamente difíciles. Las perspectivas para la libertad religiosa en Níger son negativas.
Fuentes