SOMALIA
Marco legal sobre libertad religiosa y su aplicación efectiva
Desde 1991, Somalia carece de un Gobierno central cuyo mandato alcance a todo el territorio[1]. Desde que se adoptara una Constitución provisional en agosto de 2012, el país se conoce internacionalmente como Gobierno Federal de Somalia[2].
El estatus de la religión y la vida religiosa se rige por la Constitución, aunque la legislación varía de una región y subregión del país a otra; por ejemplo, la Constitución del Gobierno Federal de Somalia reconoce la igualdad de «todos los ciudadanos, independientemente de su sexo, religión, estatus social o económico» (artículo 11.1), mientras que la constitución de Somalilandia (artículo 8.1)[3] no incluye la religión como motivo de igualdad entre sus ciudadanos.
En el territorio controlado por el Gobierno Federal de Somalia, el islam es la religión del Estado (artículo 2.1). No puede difundirse en el país ninguna religión distinta del islam (artículo2.2) y el presidente debe ser musulmán (artículo 88.a)[4]. También según la Constitución de Somalilandia, el islam es la religión del Estado (artículo 5.1), pero allí deben ser musulmanes tanto el presidente como el vicepresidente (artículo 82.2).
La Constitución provisional del Gobierno Federal de Somalia garantiza la igualdad de derechos a todos los ciudadanos, con independencia de su religión. Sin embargo, el artículo 2.3 estipula que la legislación tiene que ajustarse a la sharía. Lo mismo ocurre en Somalilandia (artículo 5.2).
La constitución provisional del Gobierno Federal de Somalia se aplica a todos los ciudadanos, independientemente de su afiliación religiosa. Por lo tanto, incluso los no musulmanes están sometidos a una legislación que sigue los principios de la sharía. La conversión desde el islam a otra religión no está expresamente prohibida por la Constitución provisional del Gobierno Federal de Somalia, pero no está aceptada socialmente. En cambio, las constituciones de Somalilandia y Puntlandia prohíben expresamente la conversión[5].
Ni la Constitución provisional de la República Federal de Somalia[6] ni el Código Penal del país[7] (que nominalmente es válido en todas las zonas de Somalia)[8] prohíben específicamente la conversión del islam a otras religiones. Dado que la sharía sirve como fuente del derecho nacional y la jurisprudencia islámica prohíbe a los musulmanes convertirse a otras religiones, la relación entre la sharía, la Constitución Federal Provisional y la aplicación del Código Penal sigue siendo ambigua[9]. De hecho, a nivel regional, la Constitución de Somalilandia estipula que «la sharía islámica no acepta que un musulmán renuncie a sus creencias» (artículo 33.1)[10], lo que prohíbe de facto la conversión del islam a otras religiones[11]. En la Constitución de Puntlandia también figura una disposición que prohíbe a los musulmanes renunciar a su fe (artículo 13.1)[12]. Las autoridades y la población de Somalia no suelen mostrar tolerancia hacia los conversos del islam, que solo pueden permanecer en el país si pasan desapercibidos para la opinión pública.
La enseñanza religiosa islámica es obligatoria en todas las escuelas públicas y musulmanas del país; solo están exentos de ella unos pocos colegios no musulmanes[13]. Todas las comunidades religiosas tienen que registrarse en el Ministerio de Asuntos Religiosos. Sin embargo, en la práctica, esta obligación tiende a ser aleatoria, bien porque los criterios que hay que cumplir para el registro no están claros, bien porque las autoridades carecen de medios para hacer cumplir la ley, especialmente fuera de la capital[14].
En la mayor parte del país, los tribunales se basan en el xeer, es decir, el derecho consuetudinario tradicional, la sharía y el Código Penal. La regulación y el cumplimiento de las prácticas religiosas dependen de cada región, a menudo de forma incoherente[15].
Desde mediados de 2023, las autoridades de las ciudades somalíes de Kismayo y Baidoa han vuelto a imponer la prohibición del niqab (el velo islámico que cubre todo el rostro) alegando motivos de seguridad ante el aumento de los ataques yihadistas por parte de grupos como Al-Shabab. Aunque la prohibición se introdujo por primera vez en 2013, su aplicación había sido mínima hasta hace poco. La policía local ha confiscado y quemado públicamente niqabs, alegando que los militantes los han utilizado para ocultar su identidad durante los ataques. Algunas mujeres apoyan la prohibición por razones de seguridad y prácticas, pero otras sostienen que llevar el niqab es una cuestión de creencias religiosas o de seguridad personal, especialmente en un contexto en el que el 60 % de las mujeres denuncian haber sufrido abusos[16]. En Mogadiscio, el niqab sigue siendo legal, aunque se puede exigir a las mujeres que muestren su rostro en los controles de seguridad. Esta situación pone de relieve la compleja tensión entre la libertad religiosa, las normas culturales y la seguridad del Estado en un país azotado por un conflicto prolongado y por el extremismo[17].
A finales de marzo de 2024, el Parlamento Federal de Somalia aprobó enmiendas a los cuatro primeros capítulos de la Constitución Provisional, lo que supuso un cambio hacia un sistema presidencial más centralizado y la introducción de elecciones directas. Una reforma clave consiste en la adopción del sufragio universal, que sustituye al tradicional sistema electoral indirecto basado en clanes. Estas enmiendas precipitaron una crisis constitucional: Puntlandia rechazó los cambios, suspendió el reconocimiento del Gobierno Federal y convocó un referéndum nacional, mientras que Jubalandia manifestó su oposición, advirtiendo que las reformas constituyen una amenaza contra el federalismo y la unidad nacional[18].
El 1 de enero de 2025, la Misión de Transición de la Unión Africana en Somalia (ATMIS) finalizó oficialmente su mandato y fue sustituida por la Misión de Apoyo y Estabilización de la Unión Africana en Somalia (AUSSOM), lo que marcó el inicio de una fase de transición estructurada. Desde finales de 2024, las Fuerzas de Seguridad de Somalia han ido asumiendo gradualmente mayores responsabilidades en materia de seguridad, aunque el control operativo total sigue pendiente, supeditado a la continuidad de la financiación y el apoyo internacional[19]. Sin embargo, el hecho de que las Fuerzas de Seguridad de Somalia no pudieran asumir todas las responsabilidades en materia de seguridad, podría tener graves consecuencias para la seguridad del continente, ya que Al-Shabab tiene fuertes vínculos con grupos militantes de Nigeria y otros países africanos[20]. Además, Al-Shabab sigue considerando a las fuerzas de la ATMIS como «cruzados cristianos» que pretenden invadir y ocupar el país[21].
Incidentes y acontecimientos
Se estima que los musulmanes suníes constituyen casi la totalidad de la población, aunque también hay una pequeña minoría de musulmanes chiíes. Los grupos religiosos no musulmanes, entre ellos los cristianos, denuncian fuertes restricciones para practicar abiertamente su fe. En la actualidad, Somalia carece de lugares de culto en funcionamiento para los no musulmanes; la única excepción es la catedral de Mogadiscio, que sigue sin utilizarse para el culto cristiano debido a problemas estructurales y necesidad de reparaciones[22].
La historia reciente de Somalia, marcada por décadas de guerra civil, colapso del Estado y una frágil recuperación, sigue afectando profundamente a la libertad religiosa y a todas las facetas de la sociedad somalí. Históricamente, predominaba el islam sufí, lo que fomentaba un entorno de tolerancia y convivencia entre las diversas confesiones. Sin embargo, el prolongado vacío de poder facilitó el auge de grupos salafistas y yihadistas violentos, en particular Al-Shabab, que ha atacado sistemáticamente los santuarios sufíes y ha tratado de suprimir las prácticas religiosas tradicionales[23].
En 2024, en el Cuerno de África, el aumento de las tensiones relacionadas con el control de las aguas del Nilo ha amenazado la frágil estabilidad de Somalia, al tiempo que se desarrolla un complejo enfrentamiento geopolítico entre Somalia, Somalilandia, Etiopía y Egipto. En septiembre, Mogadiscio condenó lo que calificó de envíos ilegales de armas desde Etiopía a Puntlandia, región autónoma de Somalia, al tiempo que crecía el temor a la injerencia extranjera en los asuntos internos[24]. Las tensiones ya se habían ido gestando en enero de 2024, cuando Etiopía firmó un memorando de entendimiento con Somalilandia, por el que se concedía a Etiopía acceso a aproximadamente 20 km de costa a lo largo del golfo de Adén para uso naval y comercial. A cambio, Etiopía se comprometió a ser el primer país en reconocer la independencia de Somalilandia, lo que supuso un desafío directo a la integridad territorial de Somalia[25]. Al mismo tiempo, Egipto entregó armas a Mogadiscio en virtud de un pacto militar independiente, lo que provocó protestas en Etiopía. Esta combinación de transferencias de armas extranjeras y maniobras diplomáticas corre el riesgo de desencadenar una carrera armamentística, intensificar las rivalidades regionales y socavar los esfuerzos por contener a grupos yihadistas como Al-Shabab y Estado Islámico. En 2024, la participación de actores externos y la proliferación de armas han desestabilizado aún más un país ya de por sí volátil y dividido[26].
Durante el período estudiado en este informe, Al-Shabab siguió siendo el actor armado no estatal más poderoso, controlando amplias zonas rurales e imponiendo una interpretación estricta de la ley sharía. En sus territorios están prohibidos todos los medios de comunicación, el entretenimiento, el consumo de tabaco y las expresiones públicas consideradas «no islámicas». Los hombres están obligados a dejarse crecer la barba, mientras que las mujeres deben llevar la cabeza completamente cubierta[27]. El grupo también persigue a los no musulmanes y a las personas sospechosas de desviación ideológica, lo que impide a los cristianos y otras minorías religiosas practicar abiertamente su fe.
En 2011, Al-Shabab fue expulsado de Mogadiscio con ayuda internacional, pero sigue llevando a cabo numerosos ataques en la ciudad, en el resto del país y en las naciones vecinas[28]. A pesar de los esfuerzos continuos del Gobierno somalí y las fuerzas internacionales, Al-Shabab sigue representando una grave amenaza para la diversidad religiosa, perpetuando la represión y limitando enormemente los espacios para la libertad religiosa en el país[29].
En abril de 2023, Catholic Relief Services aumentó su suministro de alimentos, agua y servicios sanitarios a las personas que vivían en campamentos y carecían de acceso a servicios básicos. El obispo Giorgio Bertin, administrador apostólico de Mogadiscio y presidente de Cáritas Somalia, pidió que «no se olvide» a Somalia en este momento de grandes crisis mundiales[30].
Según un teniente general, en julio de 2023 el Ejército Nacional de Somalia mató a más de 18 combatientes de Al-Shabab en la región de Galgadud. La zona se utilizaba como depósito de armas del grupo y lugar en el que los militantes fabricaban artefactos explosivos[31].
Ese mismo mes, Al-Shabab estableció un bloqueo total que impedía el transporte hacia y desde Baidoa, la capital del estado del Sudoeste. Los comerciantes que dependen de los suministros que llegan a través de la ruta bloqueada afirmaron que habrían cerrado sus negocios si la ruta no se hubiera reabierto diez días después, tras la negociación de un acuerdo entre la comunidad empresarial y Al-Shabab[32].
El 14 de marzo de 2024, Al-Shabab atentó contra un hotel de Mogadiscio, y provocó la muerte a cuatro personas y heridas a otras 30. Fuera de Mogadiscio, el 6 de abril, Al-Shabab llevó a cabo un complejo ataque en la localidad de Balcad, en la región de Shabelle Dhexe, utilizando un artefacto explosivo casero que causó la muerte a un soldado del Ejército Nacional de Somalia[33].
El 29 de marzo de 2024, terroristas de Al-Shabab asesinaron a seis varones cristianos. Originarios de Kenia, vendían artículos de plástico y compartían su fe en la ciudad fronteriza de Dhobley. En una iglesia keniana cercana a la frontera entre Kenia y Somalia habían visto a muchos musulmanes asistir en secreto a los servicios religiosos, lo que podría haber llamado la atención de Al-Shabab[34].
En mayo de 2024, Mohamad Abdul, somalí de 40 años de Kismayo, fue herido de gravedad por sus propios familiares musulmanes por haberse convertido al cristianismo. Después de abrazar la fe, comenzó a rezar y a leer la Biblia con su familia y un pastor visitante. Cuando su hijo pequeño reveló inadvertidamente sus prácticas cristianas a los vecinos, se intensificaron las amenazas contra la familia. El 5 de mayo, los familiares de Abdul le atacaron con un cuchillo, provocándole heridas en la cabeza y las manos. Actualmente vive oculto y sigue sometido a amenazas y temiendo por su vida. Mientras se recuperaba, la familia de su esposa se la llevaron a ella y a sus cinco hijos, y advirtieron a Abdul que no fuera a buscarlos. Este caso pone de relieve los graves riesgos a los que se enfrentan los cristianos conversos en Somalia, donde el islam es la religión oficial del Estado y todas las leyes deben ajustarse a la sharía, lo que no deja margen para la libertad religiosa[35].
En agosto de 2024, Al-Shabab mató a 37 civiles e hirió a más de 200 mediante un atentado suicida con bomba en la playa de Lido, en Mogadiscio[36].
El 5 de octubre de 2024, un converso al cristianismo sufrió una agresión por parte de cuatro familiares musulmanes, después de haber dirigido un servicio religioso en la región de Bajo Juba, en Somalia[37].
Ese mismo mes, los militantes de Al-Shabab intensificaron sus ataques contra civiles en Mogadiscio, en particular contra aquellos a quienes el Gobierno había ordenado instalar sistemas de videovigilancia en los negocios de la capital. En octubre de 2024, se produjeron 10 ataques contra centros comerciales y propietarios en Mogadiscio. Cada mes, los operativos de Al-Shabab extorsionan a las empresas, y el Gobierno ha ordenado la instalación de cámaras para controlar el dinero y cortar las fuentes de financiación del grupo[38].
En noviembre de 2024, el líder de Al-Shabab, Abu Ubaida Ahmad Omar, calificó la campaña armada del grupo como una lucha religiosa, describiendo el conflicto con Etiopía con las siguientes palabras: «La cruzada etíope contra los musulmanes de Somalia es una guerra que tiene raíces más profundas que la guerra entre Somalia y Etiopía de 1977. El conflicto actual entre nosotros y Etiopía es una guerra religiosa basada en los principios del monoteísmo. Es un conflicto entre la fe y la infidelidad, el Corán y la Biblia, la mezquita y la iglesia»[39]. Omar instó a los musulmanes somalíes a unirse a los muyahidines y apoyar a los musulmanes de toda África Oriental a través de un discurso cuajado de afirmaciones engañosas destinadas a legitimar la narrativa de Al-Shabab y obtener apoyo. Entre otras falsedades, afirmó que el Gobierno somalí había aceptado la ocupación etíope de la región de Ogadén y había cedido los puertos somalíes a Etiopía, a pesar de que estos acuerdos fueron firmados por Somalilandia, acción que entra en conflicto con el Gobierno federal de Mogadiscio. Describió al Gobierno somalí como un títere de Etiopía, ignorando las frecuentes tensiones entre ambos. Omar también afirmó que Al-Shabab había expulsado por sí mismo a las tropas etíopes de Mogadiscio, omitiendo el papel crucial de las fuerzas somalíes y los aliados internacionales. Por último, sugirió una conspiración de la ONU para transferir los puertos somalíes a Etiopía, acusación sin fundamento destinada a avivar el resentimiento social[40].
En diciembre de 2024, dieron una paliza y expulsaron de su hogar a una musulmana convertida al cristianismo cuando su suegra descubrió su conversión. La mujer tuvo que abandonar a sus dos hijos y huir a una iglesia clandestina en la región noroccidental de Mudug[41].
Los intensos combates entre clanes en la región de Mudug desplazaron a miles de personas y causaron la muerte a centenares de ellas, lo que obligó a muchos a huir de la región. Los conflictos entre clanes por los escasos recursos proporcionan una oportunidad para que los operativos de Al-Shabab se establezcan y obtengan apoyo[42].
En Somalia, la vida cotidiana de los cristianos, especialmente la de los que se han convertido desde el islam, sigue siendo extremadamente peligrosa. Los fieles deben practicar su fe en absoluto secreto, ya que ser identificado como cristiano puede acarrear el desplazamiento forzoso, la prisión o incluso la muerte. En 2024, International Christian Concern se reunió con miembros de una iglesia clandestina de Mogadiscio, que informaron de la existencia de más de 1500 creyentes ocultos. Muchos de estos conversos se enfrentan al rechazo de sus familias y comunidades, lo que los obliga a vivir en la clandestinidad y a depender de una red de casas seguras gestionadas por líderes eclesiásticos de confianza[43].
Las mujeres se enfrentan a repercusiones especialmente duras, como la humillación pública, la violencia sexual, el secuestro, el matrimonio forzado o el arresto domiciliario. En los territorios controlados por Al-Shabab, donde se aplica estrictamente la sharía, la apostasía se castiga con la muerte, lo que deja a los cristianos conversos sin protección legal ni apoyo social[44].
Según las Naciones Unidas, Al-Shabab secuestra y asesina continuamente a trabajadores humanitarios en toda Somalia, alegando a menudo que intentan convertir a la población local al cristianismo[45].
Una amenaza adicional para la libertad religiosa proviene del Estado Islámico-Provincia de Siria e Irak en Somalia (ISIS-Somalia). Desde que se separó de Al-Shabab en 2015, ISIS-Somalia se ha convertido en un centro financiero y logístico crucial para las operaciones del ISIS en África, con base principalmente en las montañas Cal Miskaat de Puntlandia. Aunque sus capacidades militares siguen siendo limitadas en comparación con las de Al-Shabab, controla una importante financiación, recluta combatientes extranjeros y persigue la expansión territorial. Su rivalidad con Al-Shabab se ha intensificado, pues ISIS-Somalia ha recuperado terreno entre 2023 y 2024. La débil coordinación entre Mogadiscio y Puntlandia ha reforzado aún más su influencia. Si no se controla, el grupo ISIS-Somalia supone una amenaza creciente para la estabilidad regional y la libertad religiosa en toda África Oriental[46].
En Puntlandia, región semiautónoma del noreste de Somalia, la escalada de violencia relacionada con grupos yihadistas afiliados al ISIS amenaza la estabilidad regional. El 31 de diciembre de 2024, un atentado suicida con bomba y un ataque armado contra el vicepresidente del Parlamento, Mohamed Bari Shire, perpetrado por agresores procedentes, según las noticias, de Marruecos, Tanzania, Yemen y Libia, puso de relieve la creciente inseguridad y el carácter transnacional de la amenaza. Aunque las fuerzas de seguridad de Puntlandia repelieron el ataque, el incidente subraya la actual rivalidad por el control de los recursos y las rutas estratégicas entre el ISIS y Al-Shabab. Shire, conocido por su dedicación al desarrollo y la reforma de la gobernanza, se ha ganado el apoyo público tras el atentado contra su vida. Como respuesta a este atentado, el Gobierno de Puntlandia está colaborando con organizaciones locales, como el Centro de Investigación para el Desarrollo de Puntlandia, para implementar programas sociales y económicos destinados a reducir la propensión de los jóvenes a la radicalización, programas que se apoyan en inversiones en educación, salud y oportunidades de empleo[47].
Futuro de la libertad religiosa
La situación de la libertad religiosa en Somalia sigue siendo crítica. Al-Shabab, que controla amplios territorios rurales y es capaz de atacar zonas urbanas, impone códigos de vestimenta específicos, así como una interpretación estricta de la sharía —prohibiendo las expresiones públicas consideradas «no islámicas» y el culto no musulmán—. Los cristianos conversos deben practicar su culto en secreto, a menudo recurriendo a refugios clandestinos. A lo largo de 2023 y 2024, se produjeron actos violentos, como secuestros, desplazamientos forzados, agresiones y asesinatos, dirigidos contra cristianos y presuntos proselitistas, incluidos trabajadores humanitarios.
Además, ISIS-Somalia está ganando influencia, especialmente en Puntlandia, lo que agrava la inestabilidad regional. El fragmentado sistema federal de Somalia y las tensiones entre Mogadiscio y las regiones autónomas dificultan la adopción de medidas eficaces. En consecuencia, las perspectivas para la libertad religiosa siguen siendo sombrías, ya que la violencia militante, la aplicación extremista de la ley y el limitado control estatal perpetúan la persecución de las minorías religiosas, en particular de los cristianos conversos.
Fuentes