SUDÁN
Marco legal sobre libertad religiosa y su aplicación efectiva
El marco constitucional de 2019, establecido bajo el gobierno de transición del primer ministro Abdalá Hamdok, marcó una ruptura histórica con décadas de represión. Garantizaba la no discriminación (artículo 4), la protección de los derechos religiosos (artículo 43) y la libertad de religión y culto (artículo 56), con el objetivo de revertir el legado de persecución religiosa de Sudán, que había llevado a muchos no musulmanes a emigrar y había contribuido a la secesión de Sudán del Sur en 2011[1].
En julio de 2020, el gobierno de transición aprobó la Ley de Derechos y Libertades Fundamentales de 2020, que promulgaba importantes reformas, entre ellas la derogación de la ley de orden público, la abolición de la flagelación por blasfemia, la prohibición de la mutilación genital femenina y la autorización del consumo de bebidas alcohólicas a los no musulmanes. Permitió a las mujeres viajar sin el permiso explícito de su padre o marido e inició reformas educativas para promover la inclusión[2]. La apostasía también se despenalizó oficialmente al derogarse el artículo 126 del Código Penal, que imponía la pena de muerte por apostasía[3].
A finales de 2020, con el fin de fomentar el regreso de las minorías religiosas, el gobierno de transición intentó modificar el plan de estudios escolar en lo relativo a la religión para que fuera menos discriminatorio con los no musulmanes. Sin embargo, en enero de 2021, la iniciativa recibió críticas de todos los sectores y Omar al-Garrai, director del Centro Nacional de Investigación Curricular y Educativa de Sudán, recibió amenazas de muerte a raíz de que algunos imanes lo tildaran públicamente de infiel[4]. Al-Garrai dimitió y la iniciativa fracasó.
En marzo de 2021, el general Al-Hilu, el presidente Salva Kiir de Sudán del Sur y el general Al-Burhan, entonces líder del Consejo Soberano en Jartum, firmaron en Yuba un acuerdo denominado «Declaración de Principios», que establecía la separación entre la religión y el Estado sudanés y era el precursor de las negociaciones sobre el reparto del poder y la riqueza[5]. En ese momento, el general Al-Hilu afirmó que, aunque el Gobierno era conocido por incumplir los acuerdos, esperaba que esta vez fueran sinceros[6]. Sin embargo, solo siete meses después, en octubre de 2021, el general al-Burhan lideró un golpe militar que frustró la frágil transición de Sudán y congeló los avances realizados en el marco de paz de Yuba[7].
Tras el golpe militar del 25 de octubre de 2021, el general Abdel Fatah al-Burhan suspendió varias disposiciones clave del marco constitucional transitorio de Sudán[8], disolvió el Consejo Soberano, destituyó a importantes líderes civiles y desmanteló el proyecto de declaración constitucional de 2019[9], que había sentado las bases jurídicas para la transición democrática de Sudán.
En consecuencia, ya no se aplican las garantías constitucionales que habían consagrado las libertades civiles (entre ellas la libertad religiosa, la libertad de expresión y la protección contra la discriminación). Juristas y observadores internacionales han advertido sistemáticamente de que la suspensión de este marco ha puesto en peligro los frágiles avances logrados entre 2019 y 2021 en relación con los derechos humanos[10]. En el vacío resultante, las violaciones de la libertad de religión o de creencias se han vuelto cada vez más comunes, y los autores, a menudo vinculados al antiguo régimen o a grupos armados, actúan con impunidad[11].
El 18 de mayo de 2024, tres destacados líderes sudaneses —Abdelaziz al-Hilu, del Movimiento Popular de Liberación del Sudán Norte (SPLM-N), Abdalá Hamdok, del movimiento Tagadum, y Abdel Wahid al-Nur, del Movimiento de Liberación de Sudán— firmaron la Declaración de Nairobi, documento histórico en el que se pedía un Sudán laico y democrático[12]. La declaración insistía en la separación entre la religión y el Estado, la protección de la libertad religiosa y el derecho a la autodeterminación si estos principios no estuvieran consagrados en la futura constitución. También abogaba por un ejército nacional unificado bajo control civil, una distribución equitativa del poder y los recursos, y un alto el fuego inmediato para permitir el acceso humanitario en medio de la guerra civil que se está librando. El presidente de Kenia, William Ruto, respaldó la declaración, describiéndola como un marco integral para la paz e instando a las partes interesadas sudanesas a apoyarla[13].
Aunque no puso fin a la guerra, los principios han dado forma a la Constitución Transitoria de Nairobi, firmada a principios de 2025 por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y el SPLM-N, que establece un Gobierno paralelo en oposición a la administración dirigida por las Fuerzas Armadas de Sudán en Jartum[14].
Incidentes y acontecimientos
Tras el golpe de Estado, a pesar de las protestas generalizadas y la condena internacional, las autoridades militares llevaron a cabo numerosas detenciones arbitrarias y tomaron medidas que deliberadamente pretendían revertir los avances democráticos logrados bajo el gobierno de transición. Entre ellas, destacaba el nombramiento de figuras estrechamente vinculadas al antiguo régimen islamista del presidente Omar al-Bashir para ocupar puestos clave en la función pública, los medios de comunicación estatales y el banco central, lo que supuso un retorno a las prácticas de gobierno represivas y socavó las esperanzas de una transición democrática genuina[15].
En abril de 2023, estalló el conflicto tras el fracaso de las conversaciones diplomáticas entre el general Abdel Fatah al-Burhan y el general Mohamed Hamdan «Hemedti» Dagala, que no lograron alcanzar un acuerdo sobre cómo llevar a cabo la transición al poder. Las dos facciones rivales que se enfrentan ahora son las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF), bajo el mando de al-Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), bajo el mando de Hemedti. El general al-Burhan cuenta con el respaldo de Arabia Saudí, mientras que la mayoría de los observadores creen que los Emiratos Árabes Unidos apoyan a Hemedti, en parte por su acceso al oro y en parte como medio para frenar el islamismo encarnado por las SAF[16]. Los combates entre estos grupos han obligado a 14 millones de personas a huir de sus hogares[17] y, en agosto de 2024, el Comité de Revisión de la Hambruna de la ONU confirmó oficialmente una hambruna en la región de Darfur, en Sudán[18].
La mitad de la población (25 millones de personas) sufre grave escasez de alimentos y el país también atraviesa una situación de escasez de agua, medicamentos y combustible. Las personas desplazadas han huido a Sudán del Sur, Chad, Libia, Uganda y, sobre todo, a Egipto, que en 2025 acogía a 1,5 millones de refugiados sudaneses. La ONU señaló que Sudán sufría la mayor crisis de desplazados del mundo y que el 90 % de sus 19 millones de niños no tenía acceso a una educación reglada[19].
Según los expertos designados por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la RSF y sus milicias aliadas han provocado entre abril y diciembre de 2023 la muerte de entre 10 000 y 15 000 civiles en Darfur Occidental[20]. Tanto las SAF como las RSF han causado estragos en iglesias, mezquitas, hospitales y escuelas. A continuación, se presenta solo una selección de los incidentes que tuvieron lugar durante el período estudiado en este informe.
En las dos primeras semanas tras el estallido de los combates el 15 de abril de 2023, murieron 291 civiles, entre ellos cinco trabajadores humanitarios, y 1699 resultaron heridos durante los bombardeos aéreos y los ataques terrestres perpetrados tanto por las fuerzas de las RSF como por las SAF. Los médicos fueron blanco de ataques cuando acudían en ayuda de los heridos e incluso los persiguieron y ejecutaron en sus propios hogares[21].
En abril de 2023, sufrieron daños las mezquitas de Burri, El Manshiya y El Azhari; dos mezquitas de El Mohandisin y Ombada quedaron parcialmente destruidas. Los soldados de las RSF continuaron realizando redadas en lugares religiosos y convirtieron la catedral episcopal de Todos los Santos en una base militar. A finales de mayo, los soldados de las RSF irrumpieron en la iglesia Mar Girgis de Omdurmán, donde se habían reunido a rezar 40 personas. Los atacantes dispararon contra las personas reunidas y exigieron dinero y oro[22].
El 12 de mayo de 2023, las RSF invadieron El Geneina, la capital de Darfur Occidental, donde en un principio entablaron combate con milicias masalit no árabes para después acabar con la vida de 280 personas. Este ataque se produjo después de que la ciudad hubiera sufrido una violencia extrema en las semanas anteriores, que se saldó con la muerte de unas 2000 personas. Los habitantes afirmaron que las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) no estaban presentes para protegerlos[23].
El 13 de mayo de 2023, seis hombres armados vestidos de civil no identificados atacaron la iglesia copta de Mar Girgis, en el barrio de Al-Masalma, en Omdurmán. Dispararon contra cuatro hombres, entre ellos el sacerdote, que sufrió múltiples fracturas. A continuación, apuñalaron al guardia de la iglesia y saquearon el edificio. Los atacantes llamaron a los que se encontraban dentro de la iglesia «hijos de perros e infieles» y los obligaron a convertirse al islam[24]. Las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) se culparon mutuamente por el ataque[25].
El 14 de mayo de 2023, las RSF expulsaron por la fuerza al obispo de Jartum de la iglesia ortodoxa copta de la Virgen María para poder utilizarla como base militar. Al día siguiente, soldados de las RSF irrumpieron en un complejo eclesiástico copto en Bahri, al norte de Jartum, y dispararon contra cinco miembros del clero[26].
En noviembre de 2023, intensos bombardeos de las Fuerzas Armadas Sudanesas destruyeron el edificio de la Iglesia evangélica presbiteriana de Sudán en Omdurmán, situada al otro lado del río Nilo, frente a Jartum[27]. Ese mismo mes, bombardearon el Hogar de María, centro misionero católico comboniano, hiriendo a cinco monjas y varios niños[28].
El 16 de diciembre de 2023, las RSF atacaron un monasterio copto en Wad Madani, capital del estado de Gezira. Desde entonces, cinco sacerdotes, cinco novicios y cuatro trabajadores están desaparecidos[29]. En un intento por demostrar que los monjes estaban siendo bien tratados, las RSF publicaron un vídeo en el que se veía a un comandante abrazándolos y dándoles dinero[30]. Tras la captura de Wad Madani por las Fuerzas Armadas de Sudán en enero de 2025, se han registrado graves violaciones de los derechos humanos, como ataques por motivos étnicos contra la comunidad kanabi, que han causado la muerte de decenas de personas; además, se han conocido casos de tortura y trato degradante a mujeres[31]. Otros informes indican que la violencia en Wad Madani fue incitada por predicadores islámicos extremistas que instaron a las Fuerzas Armadas de Sudán a «no dejar vivos a los cautivos»[32].
Antes del golpe de Estado, los católicos constituían el 5 % de la población de Sudán y en Jartum había un seminario. La guerra entre los generales obligó a la Iglesia católica a cerrar parroquias, escuelas y hospitales, además de algunos seminarios, lo que provocó el traslado de parte de los seminaristas a otras ciudades[33].
Como acontecimiento positivo, en mayo de 2024, 57 estudiantes de Heiban, en los montes de Nuba, pudieron graduarse en el Instituto Teológico Unido fundado por el pastor libanés Sami Dagher, que fue ponente principal en la Cumbre Mundial para los Cristianos Perseguidos celebrada en Washington en 2017.
Los montes de Nuba están controlados por el Movimiento Popular de Liberación del Sudán Norte (SPLM-N). La zona ha seguido siendo uno de los pocos lugares del país donde los cristianos están relativamente a salvo tanto de las fuerzas gubernamentales como de las RSF; en ella se verifica una buena convivencia entre la población musulmana y cristiana[34].
El Hospital Madre de la Misericordia, también situado en los montes de Nuba, fundado y dirigido por el misionero católico estadounidense Tom Catena, ha seguido atendiendo a cientos de pacientes cada día, entre ellos algunos enfermos del millón de desplazados acogidos por el SPLM-N en la región. En marzo de 2025, el hospital católico contaba con 19 estudiantes que se preparaban para ser médicos responsables y 29 estudiantes que se formaban para obtener un diploma en obstetricia[35].
En diciembre de 2024, en El Obeid, las RSF agredieron al obispo católico Yunan Tombe Trille, al que acompañaba un diácono. Le golpearon en el rostro, lo que le provocó lesiones por las que no pudo comer durante días. Anteriormente, en abril de 2023, el obispo había escapado de la muerte cuando unos cohetes impactaron en las instalaciones que ocupa en la catedral de María Reina de África[36].
Se estima que, entre el estallido de los combates en abril de 2023 y principios de 2025, se han cerrado más de 165 iglesias, y muchas otras han sido destruidas por los bombardeos o arrasadas[37].
En septiembre de 2024, el último primer ministro civil de Sudán, Abdalá Hamdok, afirmó que el país se estaba convirtiendo rápidamente en un «terreno fértil» para la propagación del terrorismo regional, en un momento en que varios países africanos luchaban por contener a los yihadistas[38]. Desde que los generales al-Burhan y Hemedti entraron en guerra en 2023, 150 000 personas han perdido la vida y millones se han visto obligadas a abandonar sus hogares[39].
En octubre de 2024, las Fuerzas Armadas de Sudán detuvieron a 26 hombres que huían de la ciudad de Shendi, en el estado del Nilo. La mayor parte de ellos eran cristianos y sospechosos de apoyar a las RSF. Algunos fueron puestos en libertad, pero 12 permanecieron detenidos; la mayoría eran miembros de la Iglesia Sudanesa de Cristo de Al Ezba y se habían visto obligados a huir con sus familias[40]. A algunos de los detenidos les presionaron para que se convirtieran del cristianismo al islam[41]. En otro incidente, cristianos que vivían en un suburbio de Wad Madani denunciaron que las RSF, que controlaban la zona en ese momento, les habían obligado a convertirse[42].
En abril de 2025, el Movimiento Popular de Liberación del Sudán Norte (SPLM-N), liderado por el veterano estadista general Abdelaziz Al-Hilu, formó una alianza sorpresa con las RSF. El general Al-Hilu siempre se ha resistido a separarse de Sudán, prefiriendo mantener abiertas las negociaciones con los sucesivos gobiernos de Jartum con la esperanza de conseguir una constitución en la que se respete la libertad religiosa. El nuevo acuerdo con las RSF garantizó al SPLM-N los cargos de primer ministro y ministro de Defensa en un futuro Gobierno paralelo[43].
Futuro de la libertad religiosa
El conflicto, la violencia y los desplazamientos masivos llevan formando parte de la vida de los sudaneses desde la crisis de Darfur de 2003. Sin embargo, la violencia desatada desde la ruptura de las negociaciones diplomáticas en abril de 2023 ha dado lugar a los peores actos de brutalidad que ha vivido el país, perpetrados tanto por las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) como por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) contra civiles inocentes. Además, la destrucción indiscriminada o deliberada de lugares religiosos y de culto ha empeorado la situación tanto de los cristianos como de los musulmanes. Las denuncias de violencia selectiva contra los cristianos, incluidos los asesinatos de sacerdotes, han aumentado su vulnerabilidad en una situación profundamente inestable. Con pocas esperanzas de paz y la violencia continuada, las perspectivas para la libertad religiosa siguen siendo muy negativas.
Fuentes