Turquía
Marco legal sobre libertad religiosa y su aplicación efectiva
La Constitución turca define el país como Estado laico (artículo 2)[1] y garantiza la libertad de conciencia, creencia religiosa, convicción, expresión y culto. Se prohíbe en ella la discriminación por motivos religiosos y la explotación o menosprecio de «los sentimientos religiosos o los objetos considerados sagrados por la religión» (artículo 24).
Los asuntos religiosos están bajo la jurisdicción de la Dirección de Asuntos Religiosos (Diyanet)[2], agencia estatal creada en 1924 (artículo 136) para sustituir a la autoridad religiosa de la época otomana (el shayk al-islam) tras la abolición del Califato[3]. En el proyecto presupuestario para 2025 que el Gobierno turco presentó al Parlamento, solicitó para la Diyanet una asignación de 130 mil millones de liras turcas (aproximadamente 3800 millones de dólares estadounidenses), cantidad que supera la propuesta de presupuestos para seis ministerios, entre ellos los de Interior y Asuntos Exteriores[4].
Conforme a la Constitución turca de 1982, impuesta tras el golpe militar de 1980, la enseñanza religiosa pasó a ser obligatoria en la escuela pública de enseñanza primaria y secundaria, donde solo se enseña islam suní[5]. El sistema educativo turco ha experimentado un proceso de islamización aún mayor desde que hace más de 20 años llegó al poder el presidente Recep Tayyip Erdoğan con el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP)[6].
El Comité de Ministros del Consejo de Europa ha manifestado malestar por el hecho de que las clases de cultura y ética islámicas sigan siendo obligatorias en Turquía, a pesar de las sentencias del Tribunal Europeo de 2008 y 2014. El proceso de exención sigue siendo muy restrictivo y a menudo exige que los padres revelen sus creencias religiosas o filosóficas[7]. Solo los alumnos cristianos o judíos pueden solicitar la exención de estas clases a petición de sus padres[8]. El Gobierno se niega a eximir a los alevíes[9] u otras confesiones de la educación islámica suní obligatoria[10].
El Gobierno interpreta de forma restrictiva el artículo 38 del Tratado de Lausana de 1923, que menciona a las «minorías no musulmanas»[11], por lo que solo ha concedido el régimen jurídico especial de minoría a tres grupos reconocidos: armenios, griegos y judíos. A pesar de su estatus especial, los judíos, al igual que otros grupos minoritarios (como los católicos, siríacos, protestantes y alevíes), carecen de personalidad jurídica y no pueden, como grupo, comprar o poseer propiedades ni recurrir a la justicia. Actualmente, estos grupos solo pueden poseer propiedades a través de fundaciones y asociaciones minoritarias[12].
El Estado solo permite la formación de clérigos suníes y restringe la de otros grupos religiosos. En 1971 se cerró el Seminario Teológico Ortodoxo Griego, situado en la isla de Halki, cerca de Estambul. El Patriarcado se mantiene firme en su petición de que se vuelva a abrir el Seminario de Halki con el mismo estatus que tenía antes de 1971, solicitud que ha reiterado en numerosas ocasiones[13].
En Turquía, la blasfemia se rige por el artículo 216 del Código Penal, que establece que «quien provoque públicamente el odio o la hostilidad de un sector de la población contra otro que presente características diferentes basadas en la clase social, la raza, la religión, la secta o las diferencias regionales, creando un peligro explícito e inminente para la seguridad pública, será condenado a una pena de prisión de uno a tres años»[14].
En junio de 2022, Turquía restableció las elecciones a los consejos de administración de las fundaciones religiosas minoritarias tras nueve años de suspensión[15]. Sin embargo, la nueva normativa introdujo disposiciones restrictivas, como criterios de elegibilidad basados en la residencia y el distrito, que han sido ampliamente criticadas por considerarse mecanismos para mantener la supervisión estatal sobre las comunidades no musulmanas[16].
En agosto de 2022, el patriarca armenio Sahak Maşalyan y el patriarca ecuménico Bartolomé criticaron duramente las nuevas normas electorales del Gobierno turco para las fundaciones religiosas no musulmanas. En una carta dirigida al presidente Erdoğan, Maşalyan transmitió el descontento de la comunidad armenia y advirtió de que el carácter restrictivo de las normas podría dar lugar a un boicot electoral, al tiempo que pidió la adopción de procedimientos justos e inclusivos[17]. Bartolomé condenó la prolongada prohibición de celebrar elecciones a los órganos de gobierno de las fundaciones minoritarias como una «gran injusticia» y criticó la exclusión de los hospitales gestionados por minorías del proceso electoral, destacando su papel esencial dentro de sus respectivas comunidades[18].
La aplicación de la normativa sigue siendo desigual. En concreto, la Fundación del Hospital Griego Balikli no ha podido celebrar elecciones debido a las persistentes trabas administrativas, a pesar de que en diciembre de 2023 el Tribunal Constitucional dictó una sentencia en la que ordenaba al Estado facilitar el proceso[19].
En agosto de 2024, la Dirección General de Gestión de la Inmigración declaró que en Turquía vivían legalmente 4 250 230 extranjeros, la mayor parte de ellos sirios bajo protección temporal[20]. La legislación turca otorga a las personas que necesitan protección internacional una amplia gama de derechos tras su registro ante las autoridades[21]. No obstante, el marco jurídico actual que aborda la cuestión de los refugiados en Turquía presenta importantes lagunas, sobre todo debido a la magnitud de la actual crisis de refugiados.
Incidentes y acontecimientos
Durante el período estudiado en este informe, algunos incidentes indican la tendencia hacia una mayor influencia de la religión mayoritaria tanto en la sociedad como en las instituciones estatales turcas.
En junio de 2023, el sindicato Eğitim-İş, con el apoyo de Hasan Efe Uyar, vicepresidente del Partido Republicano del Pueblo, organizó manifestaciones contra el proyecto ÇEDES —acrónimo de Çevreme Duyarlıyım Değerlerime Sahip Çıkıyorum («Soy sensible a mi entorno, defiendo mis valores»)—, que obliga a nombrar imanes y predicadores como «consejeros espirituales» en las escuelas y a impartir dos horas semanales más de clases de religión islámica suní a los alumnos de secundaria. El sindicato denunció el proyecto como una violación del principio de la educación laica y un intento de integrar a grupos religiosos no cualificados en el sistema de enseñanza pública[22].
Cada año, aumentan las tensiones entre los extremistas musulmanes y los turcos laicos por la celebración de la Nochevieja. Estas tensiones han ido acompañadas del aumento de los discursos de odio dirigidos contra los cristianos a medida que se acerca la festividad. Los turcos laicos celebran la Nochevieja (31 de diciembre) desde los primeros días de la república. Los extremistas musulmanes consideran la celebración, que incluye la colocación de árboles de Navidad en los hogares y los espacios públicos, como una tradición «cristiana». Con el tiempo, las críticas y la hostilidad hacia la Nochevieja se han convertido en parte de la postura oficial del Gobierno, con ataques públicos a los árboles de Navidad y disputas en los medios de comunicación. A finales de 2023, el Ministerio de Educación Nacional introdujo una normativa que prohíbe las celebraciones de Navidad y Semana Santa en los colegios privados, alegando que son contrarias a los «valores nacionales y culturales»[23].
En 2023 y 2024 se han denunciado ataques antisemitas. El 14 de marzo de 2023, en un torneo de fútbol entre institutos, el equipo de fútbol del Instituto Americano de Üsküdar celebró su gol contra el Instituto Privado Judío de Uus con un saludo nazi colectivo[24].
El 17 de junio de 2023, los yazidíes del distrito de Viranşehir, en Şanliurfa, denunciaron ataques sistemáticos cuando intentaban recuperar sus propiedades. Los miembros de la comunidad manifestaron su descontento por los repetidos incidentes, entre los que se incluyen la profanación de tumbas, la destrucción de vehículos y el corte deliberado de tuberías de riego esenciales para sus tierras de cultivo[25].
Los miembros de la comunidad judía manifestaron su preocupación ante el hecho de que el discurso antiisraelí del Gobierno esté alentando abiertamente el antisemitismo. El 18 de octubre de 2023, un concejal del Partido de la Justicia y el Desarrollo, en el poder, elogió, supuestamente, las acciones de Hitler contra los judíos[26]. La retórica antisemita y el discurso de odio persistieron en las redes sociales y en la prensa escrita, intensificándose en respuesta a las acciones de Israel en Gaza tras los atentados terroristas de Hamás del 7 de octubre de 2023. Por ejemplo, tras el estallido del conflicto entre Israel y Hamás, un artículo publicado en el diario islámico Yeni Akit sugirió que el Gobierno retirara la ciudadanía turca a los judíos turcos que prestaban servicio en el ejército israelí[27]. El 20 de noviembre de 2023, un grupo organizó una manifestación cerca del hospital judío Or-Ahayim, en Balat (Estambul), en contra de Israel. Vestidos con batas blancas de médico, los manifestantes pintaron simbólicamente su ropa con huellas rojas de manos para evocar la imagen del derramamiento de sangre[28].
Los alevíes son la segunda secta islámica más grande de Turquía y representan aproximadamente el 16,5 % de la población. Las demandas de reconocimiento estatal de los alevíes llevan mucho tiempo siéndoles denegadas y los cemevis (lugares de culto alevíes) no están reconocidos oficialmente por el Estado[29]. Según el Comité Noruego de Helsinki, en 2023 se produjeron siete casos de delitos de odio contra la comunidad aleví, entre los que destacan el ataque del 15 de febrero contra un centro aleví de Estambul, la profanación y los daños causados el 10 de junio en un santuario aleví en Malatya, y las amenazas y agresiones físicas contra alevíes en Estambul del 10 de agosto[30].
El 15 de agosto de 2023, antes de la décima misa anual de la Virgen María en el histórico monasterio de Sumela, en Trebisonda, una serie de partidos y grupos políticos criticaron el acto. El monasterio, importante lugar de peregrinación de Turquía, se convirtió en el centro de una campaña que pedía la cancelación de la misa[31]. La celebración de la Dormición de María en Sumela se ha ido politizando cada vez más, en medio de tensiones entre la comunidad ortodoxa, el Gobierno turco y los círculos nacionalistas. En 2024, el acto se pospuso del 15 al 23 de agosto a consecuencia de las críticas, sobre todo porque la fecha original coincidía con el aniversario de la conquista otomana de Trebisonda. El contralmirante retirado Cihat Yayci afirmó que la celebración era inconstitucional y tenía motivaciones políticas, oponiéndose a la participación del patriarca ecuménico Bartolomé de Constantinopla y vinculando la celebración al movimiento de Fethullah Gülen. Ante las reacciones negativas y el aumento de los discursos de odio, el patriarca Bartolomé decidió no asistir, siendo la primera vez que no estaba presente en la ceremonia desde 2010[32].
El 26 de septiembre de 2023, el portal de noticias en línea Duvar informó de que se habían causado daños en una puerta de Santa Sofía, en Estambul. El incidente se sumaba a la creciente preocupación por el estado del lugar, cuyo visible deterioro desde que ha aumentado el número de visitantes a raíz de su reconversión en mezquita llama la atención. Santa Sofía, rebautizada oficialmente tras su reapertura el 24 de julio de 2020 como «Hagia Sophia-i Kebir Mosque-Sheriff», ha sufrido un importante desgaste, sobre todo su puerta principal[33]. Desde la reconversión, los visitantes que desean acceder a los niveles superiores, donde se exhiben los mosaicos, tienen que pagar una entrada de 25 euros[34].
El 23 de enero de 2024, dos hombres enmascarados llevaron a cabo un ataque armado en la iglesia de Santa María, en el distrito de Sariyer, en Estambul, que se saldó con un muerto. Witold Lesniak, cónsul general de Polonia, y su familia se encontraban en la iglesia en el momento del incidente[35]. De los 34 sospechosos llevados ante un tribunal, 25 quedaron en prisión preventiva. Posteriormente, el grupo Estado Islámico reivindicó la autoría del atentado. Las autoridades detuvieron a un total de 60 personas en relación con el caso y deportaron a 26[36]. Después del incidente, el vicario apostólico de la Iglesia católica latina de Estambul, el obispo Massimiliano Palinuro, agradeció al Gobierno su respuesta de apoyo a la Iglesia católica latina y su rápida resolución del caso de asesinato[37].
El 4 de abril de 2024, conforme al artículo 301 del Código Penal turco, la fiscalía de Diyarbakir abrió una investigación contra el presidente Nahit Eren y diez miembros del consejo ejecutivo del Colegio de Abogados de la ciudad por «denigrar a la nación turca, al Estado y a sus instituciones» en una declaración del 24 de abril de 2021 en conmemoración de las víctimas del genocidio armenio. Entre 2017 y 2023, el Colegio de Abogados de Diyarbakir ha sido objeto de siete investigaciones, cinco de las cuales llegaron a juicio, y cuatro de ellas terminaron en absolución[38].
En junio de 2024, el Tribunal Constitucional de Turquía determinó que la expulsión de líderes y pastores protestantes basada en informes de inteligencia no violaba la libertad religiosa. Las autoridades aplicaron el Código N-82, que exige autorización previa para la entrada de residentes protestantes, alegando motivos de orden público y seguridad. La decisión se basó en informes de inteligencia que describían la actividad misionera como un riesgo potencial. La comunidad protestante, que cuenta con más de 170 iglesias en toda Turquía, lleva mucho tiempo denunciando abusos, como la revocación de permisos de residencia, deportaciones forzosas y prohibiciones de entrada. Muchos líderes religiosos llevaron la decisión del Gobierno ante los tribunales, pero los tribunales inferiores confirmaron las medidas, alegando que las personas afectadas podrían haber solicitado permisos especiales o visados adecuados[39].
En agosto de 2024, la Dirección Regional de Fundaciones de Turquía ordenó el cierre temporal de la Iglesia protestante de Bursa, también conocida como la Iglesia Francesa, alegando motivos de seguridad sísmica. La Fundación para la Vida y la Cultura de la Iglesia Protestante de Bursa se opuso a la decisión, argumentando que una evaluación independiente había concluido que los riesgos estructurales eran menos graves de lo que afirmaban las autoridades. La iglesia, construida en el siglo XIX y restaurada entre 2002 y 2004, es el único lugar de culto cristiano activo en Bursa, y da servicio a las comunidades católica, ortodoxa y protestante. En una declaración del 20 de agosto de 2024, la Fundación instó a las autoridades a revocar la orden de cierre, ya que dejaría a las comunidades cristianas locales sin lugar de culto[40].
El 23 de agosto de 2024, se cometió un ataque contra el cementerio ortodoxo griego Aya Lefter, situado en Kurtuluş, Estambul. Varias tumbas fueron dañadas y se hicieron hoyos en el suelo, lo que suscitó la preocupación de la comunidad local[41].
En septiembre de 2024, el patriarca ecuménico Bartolomé manifestó ante la prensa su optimismo respecto a la posible apertura del Seminario Teológico de Halki[42]. El Patriarcado concibe el seminario como un centro de formación para cristianos ortodoxos de todas las nacionalidades y pretende que regresen profesores extranjeros, como era habitual en el pasado. Esto permitiría al seminario conservar su autonomía y preservar su identidad como institución teológica dedicada a la preparación de candidatos al sacerdocio, a la vez que opondría resistencia a la secularización, contraria a su misión fundamental[43]. Con la clausura del Seminario de Halki durante más de cinco décadas, las autoridades turcas han cometido una violación continuada de los derechos religiosos de sus ciudadanos cristianos, al contravenir el derecho de la Iglesia ortodoxa a formar a su clero, vulnerando el Tratado de Lausana de 1923[44], el Convenio Europeo de Derechos Humanos[45] y otros marcos internacionales vinculantes en materia de derechos humanos y de las minorías.
En 2024, Turquía volvió a consagrar oficialmente la iglesia de San Salvador de Chora, del siglo IV, como mezquita, haciendo caso omiso a las críticas internacionales que afirmaban que esta medida —tras su retirada de la Lista del Patrimonio Mundial como museo— podría dañar el patrimonio cultural del país. Las restauraciones dejaron al descubierto la mayor parte de los mosaicos y frescos medievales de la antigua iglesia, lo que despertó la preocupación internacional. El 6 de mayo de 2024, después de casi 80 años, esta antigua iglesia, que ahora se conoce oficialmente como Kariye Kamii, celebró sus primeras oraciones musulmanas durante una ceremonia de reapertura presidida por el presidente Recep Tayyip Erdoğan.
Gran parte de las obras de arte religioso del edificio siguen siendo visibles a pesar de las prohibiciones islámicas tradicionales sobre las imágenes icónicas de seres vivos. Los mosaicos y frescos de la entrada y la capilla lateral permanecen al descubierto, pero tres representaciones de la Virgen María y Cristo ubicadas en el interior de la nave, ahora destinada a la oración de los hombres, están ocultas tras cortinas que se corren cuando el espacio no se utiliza para el culto, según el Ministerio de Cultura turco[46]. Los turistas que desean visitar Kariye Kamii tienen que pagar una entrada de 20 euros[47].
Futuro de la libertad religiosa
En Turquía la libertad religiosa se enfrenta a problemas cada vez mayores, con un aumento de la intolerancia y del discurso de odio contra las minorías, en particular contra los yazidíes, alevíes, judíos y cristianos. Las Iglesias protestantes y católicas latinas han obtenido un reconocimiento jurídico parcial a través de asociaciones o fundaciones, pero este acuerdo sigue siendo poco satisfactorio, aunque les permite adquirir lugares de culto.
Un problema importante para las comunidades cristianas es la falta de seminarios para la formación del clero. En la escuela solo se enseña oficialmente el islam suní, y las familias no suníes deben solicitar formalmente una exención de la formación religiosa obligatoria. Al no tener protecciones legales claras, los alumnos no suníes siguen sufriendo discriminación. Un avance positivo poco habitual es la posible reapertura del seminario de Halki, que el patriarca ecuménico Bartolomé acogió con satisfacción en 2024. En Turquía las perspectivas para la libertad religiosa siguen siendo negativas.
Fuentes