YEMEN
Marco legal sobre libertad religiosa y su aplicación efectiva
Desde septiembre de 2014, Yemen está sumido en una guerra civil que ha dividido al país en dos bandos enfrentados. Uno está controlado por los rebeldes chiíes respaldados por Irán, conocidos como hutíes (Ansar Allah), mientras que el otro está en manos del Consejo de Liderazgo Presidencial, que es el Gobierno reconocido internacionalmente. Tres de los ocho miembros de este Consejo proceden del Consejo de Transición del Sur, grupo que busca la secesión del sur de Yemen[1]. En algunas regiones operan otros grupos armados más pequeños y milicias tribales. Rivalidades regionales más amplias mantienen la situación en punto muerto[2]. A pesar del fin del alto el fuego negociado por la ONU en 2022[3], se mantiene una tregua de facto, pero las tensiones continúan[4].
La Constitución de Yemen de 1991 (revisada en 2015)[5], que en la práctica solo se aplica en las zonas controladas por el Gobierno (entre el 20 y el 30 % de la población)[6], declara que el país es un Estado árabe e islámico independiente (artículo 1) y que el islam es la religión oficial del Estado (artículo 2). La sharía islámica «es la fuente de toda la legislación» (artículo 3).
El presidente de la República del Yemen tiene que ser un musulmán «de buena conducta, [que] practique sus deberes islámicos» y «no tenga antecedentes penales deshonrosos y, en caso de tenerlos, haya sido indultado» (artículo 107.d). El derecho al voto y a presentarse como candidato a la cámara baja del Parlamento, la Cámara de Representantes, no está restringido a los musulmanes. Para presentarse, los candidatos deben «cumplir con sus deberes religiosos» (artículo 64.b.4).
«La libertad de pensamiento y de expresión oral, escrita y fotográfica» está protegida oficialmente por el artículo 42, «dentro de los límites de la ley». La Constitución exige que el Estado respete el derecho internacional en materia de derechos humanos (artículo 6). En la práctica, ni la Constitución ni otras leyes protegen la libertad de religión, creencia o conciencia. El proselitismo está prohibido. La blasfemia también está prohibida y se castiga con multas o penas de prisión[7].
Según el Código Penal de Yemen, la apostasía es uno de los delitos hudud (artículo 12), es decir, un delito que excede los límites establecidos en el Corán: «Cualquiera que renuncie a la religión islámica o la denuncie será castigado con la pena de muerte, una vez que se le haya interpelado tres veces para que se arrepienta y tras concederle un plazo de treinta días. La apostasía en público, mediante palabras o actos, se considera contraria a los principios del islam y a sus pilares por intención y determinación» (artículo 259).
Distorsionar el Corán «de manera que se altere su significado con el propósito de perjudicar la religión natural» se castiga con hasta cinco años de prisión (artículo 260)[8].
Está prohibido que un varón musulmán se case con apóstatas del islam. También está prohibido que una mujer musulmana se case con un hombre que no sea musulmán[9].
Según el artículo 52 de la Constitución, «Las residencias, lugares de culto e instituciones educativas gozan de un carácter inviolable que no puede ser vulnerado mediante vigilancia o registro, salvo en los casos previstos por la ley»[10]. En general, la construcción de nuevos edificios requiere la aprobación del Gobierno, lo que incluye implícitamente los lugares de culto, aunque no se mencionen específicamente[11].
Una referencia implícita al islam asoma en el artículo 60: «La defensa de la religión y la patria es un deber sagrado, el servicio militar un honor y el servicio nacional debe organizarse por ley».
En la escuela es obligatoria la educación religiosa islámica. En las regiones controladas por el Consejo de Liderazgo Presidencial, la escuela debe ofrecer el mismo plan de estudios a los alumnos suníes y a los chiíes[12]. En las zonas bajo control hutí, se enseñan[13] los principios zaidíes[14]. En la escuela pública no se ofrece ninguna otra forma de educación religiosa. Se ha informado de que los hutíes siguen tratando de imponer sus prácticas religiosas a los residentes no zaidíes de las zonas septentrionales bajo su control, como la prohibición de la música y de la mezcla de sexos en lugares públicos como cafeterías, salvo que las parejas tengan hijos o puedan acreditar que están casadas[15].
Desde que en 1990 se unificaron el Yemen del norte y el del Sur, se han celebrado tres elecciones parlamentarias en el país, las últimas en 2003[16]. Las elecciones previstas para 2009 se cancelaron debido a una disputa legal sobre la reforma electoral. El entonces presidente Ali Abdalá Saleh dimitió en 2012. En su lugar se eligió para un mandato de transición de dos años a Abd Rabbuh Mansur Hadi con el encargo de formar un Gobierno de unidad nacional. Esta solución resultó efímera ya que el movimiento hutí, importante fuerza política del antiguo Yemen del Norte, tomó la capital, Saná, por la fuerza en septiembre de 2014, aliándose con el expresidente Saleh. Hadi dimitió en enero de 2015, cuando los combatientes hutíes tomaron el palacio presidencial y huyó a Adén, la antigua capital de Yemen del Sur. El Gobierno saudí no tardó en intervenir y, el 26 de marzo de 2015, una coalición liderada por Arabia Saudí lanzó una operación militar denominada «Restaurar la esperanza» para restablecer al presidente Hadi[17].
En abril de 2022, el presidente Hadi, dimitió a pesar de estar reconocido internacionalmente, y transfirió el poder a un consejo presidencial[18]. A principios de ese año, su Gobierno había perdido el control sobre la mayor parte de la población, el territorio y las fronteras, que habían pasado a manos de una plétora de grupos políticos, organizaciones islamistas militantes y milicias[19].
En abril de 2022 entró en vigor un alto el fuego auspiciado por las Naciones Unidas, pero no se logró prorrogarlo tras la fecha límite del 2 de octubre de 2022[20]. Desde entonces no se han producido operaciones terrestres a gran escala, pero la actividad militar continúa a un nivel menor. Según Hans Grundberg, enviado especial de la ONU para Yemen, tras varios años de frágil tregua, existe un temor «palpable» a que se reanude la guerra total en Yemen. En marzo de 2025, señaló «el aumento de la argumentación de las partes en conflicto, que se están posicionando públicamente para acometer una confrontación militar«[21].
Incidentes y acontecimientos
En enero de 2023, Amnistía Internacional pidió al Gobierno internacionalmente reconocido y a las autoridades hutíes la liberación las mujeres que habían cumplido sus condenas de cárcel pero seguían detenidas porque no tenían un tutor masculino que las acogiera[22].
También en enero de 2023, el Carnegie Middle East Center informó de que los hutíes estaban obligando a las tiendas que venden abayas, las túnicas que llevan las mujeres y las niñas, a vender únicamente prendas largas y negras[23]. En julio de 2023, los hutíes implementaron la segregación por género en la Facultad de Comunicación de Masas de la Universidad de Saná. Justificaron la medida por motivos religiosos y por la seguridad de las mujeres[24].
Ese mismo mes, el Instituto Washington para la Política de Oriente Próximo publicó un análisis sobre cómo estaban utilizando los hutíes su Código de Conducta para adoctrinar al millón aproximado de empleados del sector público bajo su control. Según el análisis, el código «distorsiona continuamente los conceptos religiosos» y obliga a los empleados a celebrar las festividades religiosas hutíes «independientemente de sus opiniones personales». Se basa en las creencias y declaraciones de los líderes del movimiento (el líder actual es Abdul-Malik al-Huti), así como en sus conferencias y lecciones sobre el Corán, en lugar de en el propio Corán[25].
En abril de 2023, alrededor de 85 personas, muchas de ellas niños, murieron aplastadas en la capital yemení, Saná, durante un reparto de ayuda benéfica organizado por un empresario local con motivo del fin del Ramadán. Según los hutíes, el pánico se debió a una distribución descoordinada de las limosnas, que intentaron controlar. Los donantes, por su parte, acusaron a los hutíes de llevar varias semanas intentando impedirles distribuir dinero en efectivo e insistir en que cualquier distribución fuera gestionada por el grupo rebelde. Los hutíes declararon que pagarían unos 2000 dólares estadounidenses en concepto de indemnización a cada familia que hubiera perdido a un familiar, mientras que los heridos recibirían unos 400 dólares[26].
En junio de 2023 se reanudaron los vuelos directos entre Yemen y Arabia Saudí. No había conexión desde 2016. Los vuelos transportaban a musulmanes yemeníes que se dirigían en peregrinación a La Meca y supusieron un alivio de las tensiones entre ambos países[27].
También en junio de 2023, expertos de la ONU pidieron la liberación de 17 bahaíes desaparecidos tras una redada de la milicia hutí en Saná. Según su declaración, en mayo de 2023, el grupo de bahaíes se había reunido pacíficamente en una residencia privada para elegir el órgano rector nacional de la comunidad cuando hutíes armados irrumpieron repentinamente en la reunión. Posteriormente, pusieron en libertad a algunos de los detenidos[28], aunque los cuatro últimos no fueron liberados hasta agosto de 2024[29]. En junio de 2023, el gran muftí hutí de Saná lanzó un violento ataque verbal contra los bahaíes de Yemen, acusándolos de intentar perjudicar al país y llamando a la sociedad y a las milicias a unirse contra las creencias bahaíes[30].
Ese mismo mes, los hutíes prohibieron la importación de productos suecos para protestar por la quema de un ejemplar del Corán en Suecia. «Yemen es el primer país islámico en prohibir las importaciones de productos suecos tras sus violaciones y profanaciones», declaró el ministro de Comercio hutí, Muhamad al-Ashwal[31].
En septiembre de 2023, el Instituto Hudson informó de que los hutíes habían introducido cerca de 500 cambios en el plan de estudios escolar del país para impulsar su ideología, entre ellos la idea de que la familia al-Huti tiene un derecho divino a gobernar debido a sus supuestos vínculos con la dinastía del profeta Mahoma. Según el estudio, los hutíes lanzaron en 2023 una campaña bajo el lema «Aprendizaje y yihad» para atraer a alrededor de 1,5 millones de niños a sus campamentos de verano[32].
Tras el ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023, combatientes hutíes lanzaron cohetes contra Israel, así como contra buques israelíes y de otras nacionalidades que navegaban por el mar Rojo. En enero de 2024, anunciaron que limitarían sus ataques a los buques israelíes[33]. En marzo de 2025, declararon que reanudarían los ataques si no se entregaba ayuda humanitaria a Gaza[34].
En octubre de 2023, detuvieron al imán Munir al-Saadi, de la mezquita al-Shafi’i de Adén, bajo control gubernamental, por «incitar a la sedición». Según se ha informado, este imán, hablando del ataque a Israel, calificó a Hamás de «movimiento maligno»[35].
Los funcionarios hutíes han realizado repetidos comentarios hostiles contra los miembros de la fe judía. En noviembre de 2023, Mohammed Ali al-Huti, miembro del Consejo Político Supremo hutí, afirmó que los judíos no amaban a nadie más que a sí mismos y que trabajan continuamente para erradicar a la humanidad. Continuó diciendo que los hutíes se habían movilizado contra Israel como «yihad por Alá»[36].
En noviembre de 2023, el periodista sueco-argelino Yayha Abu Zakariya afirmó en el canal de televisión Al-Masirah TV, vinculado con los hutíes, que antes de que los europeos enviaran a los judíos al mundo árabe, estos solían secuestrar y asesinar a niños europeos y utilizar su sangre para elaborar la «matzá de Sión» como parte de una ceremonia judía. Esta acusación se divulgó por primera vez en Norwich, Reino Unido, en 1144, y luego se extendió a otras zonas de Europa. Unos meses antes de la manifestación de Zakariya en televisión, Kevin Maguire, alcalde de Norwich, había pedido disculpas públicamente a la comunidad judía por lo que confirmó que era una acusación falsa, que había provocado el asesinato de 17 judíos en la ciudad[37]. Zakariya, sin embargo, continuó describiendo a los judíos como cerdos, asesinos y criminales[38].
En marzo de 2024, The Times of Israel informó de que los hutíes seguían sin permitir salir del país al último judío de Yemen, Salem Levi Marhabi[39]. Marhabi fue detenido en 2018 porque presuntamente había ayudado a introducir de contrabando en Israel desde Yemen un rollo de la Torá. Aunque su pena de prisión ha expirado, sigue preso en una prisión hutí. Hay informaciones que sugieren que le han torturado. El periódico también reveló que en 2021, unos 100 judíos yemeníes fueron evacuados de Yemen a Egipto[40].
En marzo de 2024, el grupo yihadista Al Qaeda en la Península Arábiga nombró a Sa‘ad bin Atef al-Awlaki, también conocido como Abu al-Laith, como su nuevo líder. Este ciudadano yemení tenía, presuntamente, vínculos directos con el antiguo líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, quien le hizo volver a Yemen[41]. En diciembre de 2024, Al Qaeda en la Península Arábiga anunció que había ejecutado a 11 personas, entre ellas al periodista yemení Mohamed al-Maqri, a quien habían secuestrado en 2015 tras acusarlo de espionaje[42]. En enero de 2025, el grupo afirmó haber perpetrado ocho atentados contra las fuerzas del Consejo de Transición del Sur, respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos, la mayoría de las cuales operan en la provincia meridional yemení de Abyan[43]. En febrero de 2025, Abu Yusuf al-Muhamadi al-Hadrami, un alto cargo de Al Qaeda en la Península Arábiga, murió en un atentado con bomba en Marib[44].
En julio de 2024, un dron asesinó a un israelí en Tel Aviv. Los hutíes reivindicaron la autoría del atentado[45].
En julio de 2024, el papa Francisco nombró al arzobispo Christophe Zajia el-Kasis, nuncio apostólico en los Emiratos Árabes Unidos, para el cargo adicional de nuncio apostólico en Yemen[46]. En agosto de 2024, el vicario apostólico de Arabia del Sur, monseñor Paolo Martinelli, pidió que se reabriera lo antes posible la misión de la Iglesia católica en Yemen para ayudar a una nación «abandonada durante una década y víctima de un conflicto que parece interesar a pocos». Afirmó que, tan pronto como pudiera, iría allí «en señal de que se tendrá una presencia renovada». Según el obispo, en el norte de Yemen hay dos comunidades de las Hermanas de la Madre Teresa y un sacerdote. En otoño de 2024 se estudió la posibilidad de enviar un segundo sacerdote, pero se abandonó la idea debido a la escalada del conflicto. Aún así, Caritas Polonia también está presente[47]. Antes de la guerra civil, el país contaba con unos 2.500 cristianos autóctonos, además de entre 15.000 y 25.000 cristianos no autóctonos, procedentes en su mayoría de Eritrea, Etiopía y Somalia. Desde entonces, la población cristiana ha disminuido considerablemente[48] y las estimaciones ahora oscilan entre 12.000 y unos pocos cientos[49].
En noviembre de 2024, los hutíes y los yihadistas salafistas denunciaron un festival celebrado en Arabia Saudí como «profanación de lo sagrado» y «distracción» de la guerra en Gaza. El festival contó con desfiles de moda, conciertos y espectáculos de danza que se prolongaron hasta febrero de 2025[50].
Futuro de la libertad religiosa
Tras una década de guerra entre la milicia chií hutí, respaldada por Irán, y las fuerzas leales al Gobierno reconocido internacionalmente y apoyado por Arabia Saudí, la situación política y humanitaria de Yemen es desesperada. Los brotes recurrentes de violencia entre chiíes, suníes, yihadistas y grupos tribales han sumido al país más pobre de Oriente Medio en una guerra civil crónica[51]. Recientemente, ha aumentado la preocupación por una posible escalada del conflicto militar. La imposición de la versión huti de la fe chií zaidí a los musulmanes, especialmente a las mujeres, y la hostilidad hacia las minorías religiosas como los bahaíes son motivo de gran preocupación. Los ataques hutíes contra Israel y los barcos israelíes en el mar Rojo después de octubre de 2023 han ido acompañados de un aumento del discurso antisemita. Al mismo tiempo, el grupo yihadista suní AQAP supone una amenaza tanto para los musulmanes no suníes como para las minorías no musulmanas[52]. En consecuencia, las perspectivas para la libertad religiosa en Yemen son negativas.
Fuentes